Análisis
Descubriendo el Nuevo Mundo
Al fin llega a nuestros ordenadores la tercera entrega de la saga Age of Empires. En esta ocasión, viaja a la América de los siglos XVI a XIX de mano de una de las ocho potencias disponibles.
Por Alfredo Láinez Rodrigo
| Publicado el día 04/11/2005 17:37
La campaña que nos presenta Age of Empires III recorre tres generaciones distintas de una familia en sus odiseas por el Nuevo Mundo. Todo comienza en Malta, donde Morgan Black, un caballero de una antigua Orden, descubre un misterioso secreto que le llevará a América y a combatir contra una peligrosa sociedad secreta. La historia sirve de excusa para conducir tres actos con un total de 24 misiones. A través de secuencias de vídeo trabajadas con el propio motor del juego la trama avanza y con esta las distintas fases. Dichas fases nos proponen todo tipo de misiones, desde defender una posición, conquistar otra, destruir ciertos elementos...siempre con la presencia de varios héroes que conversan en perfecto castellano y enuncian los objetivos. En definitiva, una sólida campaña que peca en muchas ocasiones de contar con misiones simples y sin aspiraciones de culminar en épicas batallas como pasaba en Age of Empires II.
Las posibilidades para un jugador no terminan aquí, ya que el modo escaramuza nos propone batallas aleatorias con la presencia de 'bots' controlados por la máquina. En este modo descubrimos con horror cómo se han reducido enormemente las posibilidades de personalización que encontrábamos en Age of Empires II y de las que ya adoleció Age of Mythology en su momento. Apenas podremos elegir el mapa, el número de máquinas, la dificultad y unos pocos parámetros más. Respecto a los modos de juegos, la gran variedad que veíamos en 'The Conquerors' ha quedado dramáticamente reducida a dos: Supremacía (o sea, a ver quién vapulea a quién antes) y A Muerte (lo mismo pero empezando con muchísimos recursos). Por lo demás, una vez dentro de la partida la inteligencia artificial actúa correctamente y sabe cuándo atacar, cuándo retirarse y cómo formar los grupos de soldados convenientemente. Además, podemos ordenar cosas a nuestros aliados mediante un sencillo sistema de comunicación. Asimismo, estos, junto a nuestros enemigos, hablan de vez en cuando comentando aspectos de la partida, e incluso te preguntan si pueden claudicar.
Finalmente, donde Age of Empires III destaca con mayor fuerza es en el modo multijugador. Al igual que pasaba con su predecesor, el juego online con personas reales mejora en muchos enteros la experiencia jugable. Podemos combatir en LAN, por el clásico Direct IP o conectándonos al portal de Ensemble Studios, ESO. En él es posible crear partidas o entrar en ellas, buscar automáticamente jugadores, charlar con otros estrategas y gestionar las metrópolis. Es importante recordar que conforme más juguemos en cada modo con una determinada civilización más nivel alcanzaremos y tendremos más opciones para nuestras barajas. Esto puede suponer un pequeño handicap para los nuevos, pero lo cierto es que las posibilidades estratégicas crecen enormemente con la elección de metrópoli y baraja, pues podemos añadir a nuestra estrategia el uso de determinadas cartas. Por desgracia, las partidas adolecen de la misma carencia de opciones que la escaramuza, y no habría estado de más ampliar el número máximo de jugadores, que está fijado en ocho.
Age of Empires III también permite a los jugadores usar un completísimo y complejo editor de escenarios en el cual podemos dar rienda a nuestra creatividad. Si la comunidad de estrategas trabaja sólo la mitad de lo que hizo en Age of Kings, nos encontraremos con decenas de mapas para un jugador y excitantes partidas alternativas en el multijugador, que antaño llegaban a convertir a Age of Empires II hasta en juego de rol.
En la campaña visitaremos famosos escenarios de América como La Habana.
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La máquina sabe bien cuándo y cómo atacar
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Más vale que adoptes una estrategia definida en el multijugador si no quieres morir
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