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Alone in the Dark

Xbox 360


Aventura

2 2 1

Europea

Desarrolladoras/s

Eden Studios

Productora/s

Atari

Distribuidoras/s

Atari

Puntuación media
59,00

Análisis

Me siento incompetente

Alone in the Dark vuelve en la nueva generación con un nuevo episodio, tan atractivo en su argumento como lleno de fallos.

Por Kike López Fernández | Publicado el día 10/12/2008 07:04

Una de las características en principio más interesantes es que una vez en Central Park, podemos conducir vehículos, e incluso nos veremos metidos en peligrosas persecuciones al volante. Y decimos "en principio" porque la conducción, por decirlo rápida y suavemente, da pena. Aquí se unen dos puntos negativos para sacarnos de quicio. En primer lugar, la maniobrabilidad del coche es bastante mejorable, pegando unos derrapes que ríase usted de Ridge Racer y una física del vehículo ilógica. El segundo punto negativo es que el juego hace con nosotros lo que le da la gana cuando estamos conduciendo. A ver quién se explica por qué cuando vamos conduciendo, de repente, y sin ningún motivo, el coche salta por los aires (un bug que al principio hace gracia, pero luego no) o se queda totalmente parado en la carretera, como si lo frenase un muro invisible (otro bug para la colección). Por si fuera poco, el juego nos exige que seamos unos profesionales al volante. Rozarnos contra otro coche u obstáculo provoca que el coche frene en seco. Si estamos conduciendo de forma libre por Central Park estos fallos más o menos se pueden perdonar, pero si estamos huyendo de algo, llega a tocar la moral de forma increíble. Por si fuera poco, las partes en las que tenemos que ir a contrarreloj o siendo perseguidos por algo son de una longitud considerable y encima no hay puntos de control (checkpoints) que valgan, por lo que sólo podemos intentarlo una y otra vez hasta aprenderse el recorrido (cosa bastante difícil, por cierto) e intentar ser un conductor más profesional que el mismísimo Michael Knight. Con todos estos fallos, pocas ganas entran.

El acceso al menú de inventario es también bastante incómodo. Está limitado a la chaqueta de Edward, pero a pesar de todo el espacio es más que suficiente. El problema lo encontramos a la hora de acceder a él, ya que la acción no se detiene mientras nos ponemos a fabricar explosivos o recoger algún que otro objeto de nuestra chaqueta, lo que hace que los enemigos sigan atacándonos sin descanso. Por si fuera poco, para fabricar estos objetos tenemos que seguir un orden concreto al ir ensamblándolos, lo cual resulta incómodo (¿que más da coger cinta adhesiva y pegarla a una botella que coger una botella y pegarle cinta adhesiva? Pues según Atari mucho). Esto también se aplica a la hora de curar nuestras heridas, ya que la cámara pasa a primera persona para que podamos pulverizar con un frasco de spray curativo sobre las zonas heridas de nuestro cuerpo, pero la acción no se detiene y los enemigos pueden atacarnos en este momento también.

Una vez en Central Park tenemos la opción de explorarla libremente, pero no es algo que realmente apetezca hacer. Hay por ahí unas ramas llamadas raíces del mal, una especie de ramas negras y rojas que concentran poder espectral (creadas por Lucifer, un señor con muy malas ideas). Para destruirlas hay que incinerarlas (con cócteles molotov, sopletes, etc.). Poco a poco iremos rellenando el indicador del poder espectral, subiendo nuestras habilidades. Hay un buen montón de raíces del mal y todas ellas nos proporcionan en total 100 puntos de poder espectral, aunque para concluir el juego sólo necesitamos 50 (conseguir el 100% de poder espectral es algo opcional, y no apetece mucho hacerlo). Cada vez que quemamos una, proporcionan de dos a nueve puntos. El poder espectral sirve para mejorar una habilidad que posee Edward llamada "Visión espectral", que consiste en cerrar los ojos y así poder ver cosas que el ojo humano corriente y moliente no puede. Al principio sólo podemos usar esta habilidad para adivinar los puntos débiles enemigos, pero podemos ampliar esta habilidad con más funciones.

Para abatir a los enemigos que nos acechan, tenemos que hacer uso de nuestro ingenio. Edward va equipado con una pistola, un mechero y su fiel linterna (estos objetos los vamos consiguiendo en los primeros minutos de juego), pero también podemos ir recogiendo botellas de alcohol o gasolina y preparar unos mortales cócteles molotov. Para ello, podemos usar también vendas, pañuelos u otra clase de tela para fabricarnos la mecha correspondiente. Incluso podemos recoger cinta adhesiva de dos caras para colocar estos explosivos caseros sobre paredes como si fuesen bombas C4 y hacerlas explotar con un disparo (también podemos pegarlas a los enemigos, provocando una explosión bastante graciosa). También podemos machacar enemigos con ataques cuerpo a cuerpo. Para ello basta con recoger por el escenario sillas, tuberías, ramas de madera, palos, hachas o mazas. El problema es que el golpear a un enemigo no basta para eliminarle por completo, ya que se vuelven a levantar al cabo de unos segundos (son inmortales en este aspecto). Para matarlos definitivamente tenemos que achicharrarlos y que no vuelvan a molestar. Existen varias formas de hacerlo: podemos coger un spray curativo y pulverizar al enemigo mientras le aplicamos el mechero, creando un soplete casero, recoger una silla o un palo de madera, prenderle fuego y golpearle con él, o bien usando los mencionados cócteles molotov (sin duda, mucho más efectivos). También podemos usar las balas de nuestra pistola para combinarlas con gasolina y crear unas balas de fuego letales para nuestros enemigos.
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