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Animal Crossing: Wild World
A tu manera
Tiempo después de la entrega que hizo mella en los asiduos de GameCube, llega a nuestros horizontes otra entrega de esta alocada y adictiva saga.
Un buen día, un taxista te hace una serie de preguntas y acto seguido te deja indefenso en un apacible pueblecito en el que sólo tú decides qué y cómo lo haces en cualquier instante... a partir de ese momento eres libre y tienes a tu disposición el mundo de Animal Crossing: Wild World.
Nada más ingresar en el pueblo podemos apreciar el buen acabado del pueblo, con un buen modelado 3D tanto de la naturaleza y edificios como de los seres humanos que allí habitan. Cabe destacar el magnífico efecto de "tierra redonda" que posee el juego, dotando de mayor realismo al pueblo.
Ahora que ya hemos echado un vistazo por el curioso pueblo, nos percatamos de que no todo es una juerga, tienes obligaciones como en la vida real, que tienes que hacer si no te quieres pegar el gran batacazo.
Al principio tienes que servir a Tom Nook, el vendedor por excelencia del pueblo, haciéndole recados de todo tipo. Esto sirve para ir aprendiendo las funciones básicas e ir conociendo a los vecinos del pueblo, que por cierto, son todos animales, con diversos caracteres, razas, actitudes, formas de hablar, vestimenta, etc., lo que potencia el surrealismo del juego y le da un aire de frescura y rareza que hace única esta saga.
Podemos alabar también el gran trabajo del equipo de desarrolladores al introducir una enorme cantidad de texto, ya que cada día los vecinos dicen cada vez (frecuentemente) algo diferente, para así todos los días poder ver algo distinto y no caer así en las garras de la rutina.
Como en la vida real, en Animal Crossing: Wild World también se hace de noche.
Dependiendo de si es de noche o de día, aparecen ciertos peces y bichos, los vecinos te dicen una cosa u otra, o salen objetos en el cielo para ser derribados con tu flamante tirachinas (que puedes conseguir en la tienda de Nook).
Además, cuando sea de noche y dependiendo el día y el mes en el que estés, se puede ver en el cielo (pantalla superior) constelaciones que tú mismo creas, o bien tomadas de pueblos vecinos (ver más adelante). También dispone, o más bien dispones (porque no te dan todo de inicio), de varias herramientas para vivir: hachas, palas, cañas, cronómetros, tirachinas, regaderas, etc.
Por otra parte, las casas son personalizables casi en su totalidad, pudiendo cambiar el color del tejado y adornar las habitaciones con fósiles (que desentierras del suelo), tapices y losas, con giroides (adorables y no tan adorables "robots" que también desentierras del suelo) o con la cantidad escandalosa de objetos que tienes disponibles de una u otra forma. La casa va gozando de ampliaciones a base de talonario a lo largo del juego.
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