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El tercer y último modo de juego para un jugador es “Vs. COM”, en el que el jugador se enfrenta contra la inteligencia artificial de la máquina. Tiene varios niveles de dificultad y en ocasiones caen cápsulas al estilo Puyo que sirven para enviar más bloques al enemigo, cuyo progreso se ve en un pequeño esquema. Estas batallas son también el fundamento del multijugador con una tarjeta o mediante el CFW de Nintendo. Como se puede ver, Arkanoid DS va bien servido de modos de juego.
A decir verdad, lo único que se echa en falta en el juego es un poco de originalidad, ya que el juego emplea la fórmula de Arkanoid sin incluir ningún tipo de novedad en el plano jugable. Los bloques son los mismos y también las cápsulas de mejora, al menos en su mayoría. Los que hayan jugado a cualquier versión no se van a encontrar nada nuevo, salvo que el contador de vidas se ha sustituido por una línea horizontal que se sitúa por debajo del Vaus. Puede recibir un máximo de cinco toques (o menos, se puede ajustar en el menú), todo un acierto al no tener que empezar de nuevo cada vez que cometemos un error y dejamos pasar la bola.
En Arkanoid DS hay tres tipos de bloques. Los de colores sólo necesitan un impacto para desaparecer y son los que de vez en cuando dejan caer mejoras para el Vaus. Los plateados requieren dos toques y los dorados son directamente irrompibles, cosa que nos traerá de cabeza en las últimas rondas del modo “Historia”: en muchas tan sólo tendremos que afinar mucho la puntería y hacer pasar la bola entre columnas de bloques indestructibles, cosa que requiere una buena cantidad de intentos y que se puede convertir en un desafío para la paciencia, sobre todo si uno tiene en cuenta la distancia que hay entre el Vaus y los ladrillos y que la anchura de la caja en la que desarrolla la acción es variable. Contrasta con la sencillez de los primeros niveles, por lo que el jugador tiene la sensación de que la dificultad no está demasiado bien ajustada. Algunos retos del modo “Misión” ponen al jugador al límite.
Arkanoid DS se puso a la venta en Japón con un accesorio llamado Paddle Controller que se introduce en la ranura para cartuchos de GBA y que consiste en una rueda que se gira en ambos sentidos para controlar con precisión el movimiento del Vaus. No es que lo echemos mucho de menos, ya que el título permite manejar la barra mediante la cruceta o la pantalla táctil. Las dos opciones son buenas, pero nos quedamos con la segunda, ya que hace algo más fácil enviar la bola en la dirección deseada.
Como suele pasar con los juegos que adaptan clásicos, uno no se puede esperar un derroche de alardes técnicos en Arkanoid DS. Todo sigue la máxima de “sencillo pero efectivo”, aunque es cierto que se podría haber trabajado un poco más el diseño de los elementos que se mueven en la pantalla y los fondos, que van de lo soso a lo histriónico. Al menos se puede configurar la apariencia de cada ronda en el menú de opciones.
El apartado sonoro está bastante más logrado. La música electrónica nos acompaña en nuestras andanzas estelares con el Vaus y cuenta con una selección de temas bastante amplia que en pocos casos se hace repetitiva (o “chuntera”, según gustos). Algunas de ellas están cantadas, de modo que no se puede pedir mucho más. Los efectos son similares a los del Arkanoid de toda la vida.
En definitiva, Arkanoid DS es una apuesta por la jugabilidad clásica en la que no se ha arriesgado en absoluto. Es exactamente lo mismo que jugar a un Arkanoid de toda la vida, a pesar de que se han incluido modos de juego y dos tipos de control. Técnicamente no destaca, pero no es algo que importe en este tipo de juegos. El problema más grave que encontramos en esta versión del arcade de Taito es la dificultad, algo desequilibrada y que en algunas ocasiones alarga los puntos más de lo necesario. De todas formas, es una buena opción para los nostálgicos que quieren recuperar grandes juegos de toda la vida para la portátil de Nintendo.
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