Ya hemos hablado largo y tendido, pero lo cierto es que Assassin’s Creed II tiene muchos otros detalles que acaban por redondear la experiencia. Por ejemplo, en la parte superior de la pantalla hay un indicador de la mala fama de Ezio, y para reducirlo podemos arrancar los carteles que ponen precio a nuestra cabeza, matar a los oficiales del ejército o sobornar a los pregoneros para que dejen de echar pestes del último varón de los Auditore. En Venecia, nuestro lugar preferido del juego, Ezio puede recorrer los canales como un gondolero, nadar y hasta bucear para escapar gracias al líquido elemento. Uno de los inventos de da Vinci, la célebre máquina voladora, nos ayudará a surcar los cielos, lástima que su uso esté restringido a una de las misiones más importantes del juego. Hasta participaremos en una persecución de carruajes y los juegos del carnaval veneciano.
Lo que queremos decir es que todas estas pinceladas, a simple vista insignificantes, consiguen que el jugador se sienta premiado y sorprendido. Lo de escalar atalayas, espiar y birlar cosas sigue presente, pero Assassin’s Creed II da unos cuantos pasos más allá para que la sensación de estar jugando siempre a lo mismo sea cosa de hace dos años. Creemos que, a este respecto, cumple con creces todo lo que nos habían jurado y perjurado. Además, la dificultad está muy bien equilibrada. Por supuesto, no tendremos más remedio que repetir algunas misiones (por ejemplo, las de seguimiento se pueden atragantar), pero no es la tónica general de la aventura. Quizá algunos lo encuentren algo fácil, más o menos como el primero, pero si nos preguntan diremos que está bien tal y como está.
Si no hemos sido parcos en elogios hacia la trama y la jugabilidad, tampoco lo vamos a ser con el apartado técnico, brillante en todos los sentidos. Pasear por la Italia del Renacimiento es un auténtico placer para la vista, en particular con un personaje animado de forma excelente como Ezio. Desde las casas de los ciudadanos hasta los monumentos icónicos, la obsesión por el detalle se pone de manifiesto en cada rincón. El puente de Rialto, la catedral de Florencia, la basílica de Santa Maria del Fiore, la plaza de San Marcos, el Palacio Ducal... Todo aquél que haya visitado el país de la bota y los haya en visto en directo con cara de asombro hará lo mismo con las reproducciones fotorrealistas del juego. La ciudad no parece viva, lo está, y el conjunto, pese a la generosidad de las dimensiones, se mueve con una fluidez envidiable y bastante superior a la del primer Assassin’s Creed, sin tiempos de carga tediosos. Algunos elementos aparecen de sopetón cuando uno va a caballo o hace un salto de fe, pero resultan tan irrelevantes como la carga tardía de algunas texturas.
Los personajes ponen la guinda a un acabado magnífico. No se puede negar que la calidad de los modelados es dispar, pero todos los personajes que tienen peso en la historia se mueven bien, hacen gestos, actúan. ¿Y qué podemos decir del doblaje? Pues que es, en pocas palabras, soberbio y cien por cien profesional. Todas las voces se reconocen al instante y están elegidas con gusto. Nos gusta la idea de que se hayan incluido coletillas en italiano y latín entre tantos diálogos en nuestro idioma, como troia, lindezas similares y el requiescat in pacem que el asesino pronuncia tras segar las vidas de sus enemigos. El precio que hay que pagar por ambientar bien una ciudad en la que todo el mundo hace comentarios de Ezio es que algunos actores interpretan varios papeles, inconveniente que no se propaga más allá de los personajes terciarios. Luis Reina hace un trabajo fabuloso como Ezio, lo mismo que Ramón Langa, Lucía Alonso y casi todo el reparto. Tal vez Juan Diego Botto no convence tanto como Leonardo, pero lo dicho, el resultado es excelente. La música, igualmente fantástica, cambia de ritmo con los momentos de exploración y acción. Por todo lo que hemos comentado, concluimos que el Renacimiento se ha plasmado con maestría.
Teníamos nuestras dudas, para qué negarlo. Ya no. Con un apartado técnico sobresaliente, una aventura extensa, una jugabilidad muy pulida y multitud de detalles que nos han mantenido pegados al mando durante días, Assassin’s Creed II es el juego que debía ser. Quizá también es lo que debería haber sido el primero, pero ésa es otra historia. Tampoco sabemos si pondrá a los detractores de su lado. De momento, disfrutemos con Ezio y con uno de los juegos más extraordinarios del año.
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NUESTRA VALORACIÓN
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Gráficos
Con una diseño sensacional y unos personajes muy vivos, el resultado parece propio de la gran pantalla.
96
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Sonido
La música acompaña de maravilla y el doblaje es de categoría. Así da gusto jugar en nuestro idioma.
94
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Jugabilidad
Fácil de asimilar y con muchas posibilidades. Echamos en falta un poco más de evolución en la IA de los rivales.
93
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Diversión
Largo, variado, sorprendente y con una narrativa memorable.
95
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Alternativas
Es casi obligatorio haber completado el primero para entrar en materia.
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El planteamiento es fantástico. Además, los gráficos, el doblaje y la historia están a la altura.
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Algunas de las carencias de la IA enemiga siguen ahí. Miles pide a gritos más protagonismo.
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Nota final
Un título extraordinario que cumple las previsiones más optimistas.
95
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¿Cómo se puntúa en VJ?
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