Análisis
Falto de fe
Altaïr llega a PSP con una producción muy ambiciosa que pretende ofrecernos una experiencia similar a la que ya vivimos hace dos años en las consolas de sobremesa.
Por Pablo Cruz Delgado
| Publicado el día 25/11/2009 09:56
Para llevar a buen puerto los encargos contaremos con las dotes acrobáticas de Altaïr, nuestra capacidad para mezclarnos entre la gente para pasar desapercibidos y, por supuesto, nuestras excepcionales aptitudes de combate. A pesar de que los escenarios son mucho más pequeños y se encuentran divididos en diferentes zonas debido a las limitaciones de hardware de PSP, las posibilidades de acción son enormes. Podemos movernos libremente por el mapeado, tanto por la parte baja de la ciudad como por los tejados y, como ya ocurriera en la primera parte, tenemos la posibilidad de desplazarnos por los callejones con un perfil alto o bajo. Hacerlo con este último significa que estamos pasando desapercibidos ante los ojos de los enemigos, es decir, no vamos corriendo sin motivo alguno por las calles, trepando paredes o asesinando a todo el que se ponga por medio. Sin embargo, cuando realizamos alguna de estas acciones, sobre todo si nos desplazamos corriendo, llamaremos la atención de los guardias, que se pondrán nerviosos, nos vigilarán más de cerca y puede que incluso entablen combate con nosotros.
En dicho momento entra en juego el sistema de combate, diferente según si nos encontramos con un perfil bajo o alto. Con el perfil bajo llegan los asesinatos sigilosos, que normalmente llevaremos a cabo con la hoja oculta o con esos pequeños cuchillos que Altaïr puede lanzar a los enemigos. En el momento en el que desenfundemos la espada el juego dará por sentado que estamos en perfil alto y que nuestros enemigos nos han descubierto. Por consiguiente, la cámara hará un pequeño zoom sobre la acción y dará comienzo el combate. En Bloodlines no disponemos de la efectiva vista de águila, sin embargo, tenemos la posibilidad de seleccionar el enemigo al que deseamos atacar. Una vez seleccionado existen varias posibilidades: atacarle directamente y quedarnos al descubierto ante alguno de sus golpes con la única posibilidad de esquivarlos mediante una maniobra de evasión o ponernos en posición defensiva y esperar al contraataque.
Lo cierto es que los combates son mucho menos espectaculares de lo que esperábamos, sobre todo por los fallos jugables y la paupérrima IA de la que hace gala el juego. Hablemos primero de los fallos jugables, errores que sufriremos ya no sólo en los combates, sino también en nuestro viaje a través de los mapeados. En muchas ocasiones Altaïr se subirá a pequeñas construcciones con tan sólo movernos cerca de ellas, y también hay problemas con los saltos, pues algunas veces el juego no nos permite saltar y tendremos que probar el salto con todas las direcciones hasta que en una de ellas le de por hacernos caso. Por otra parte, la IA de la que hacen gala los enemigos deja mucho que desear. Os podemos asegurar que hemos acabado de manera sigilosa con un grupo de cuatro guardias juntos con sólo pulsar el botón "X" para que Altaïr pase desapercibido después de asesinar a uno de ellos, con todos los demás frente a nosotros. Esto también se puede aplicar a que algunos guardias nos perseguirán sólo con pasar junto a ellos y otros no nos harán ni caso aunque asesinemos a un pueblerino frente a sus narices. En ocasiones el sistema funciona bien, pero es imperdonable que los errores que hemos citado anteriormente tenga lugar tan a menudo.
Haciendo un pequeño resumen del apartado jugable podemos afirmar que Bloodlines es un título con el que no nos podemos dejar guiar por la primera impresión. Al principio todo parece muy bonito: un gran abanico de posibilidades, el mismo desarrollo que la versión de las plataformas de sobremesa o un buen número de misiones secundarias. Sin embargo, conforme avanzamos en la aventura, nos damos cuenta de que todo es muy repetitivo y, para colmo, está plagado de fallos jugables. Si obviamos los paseos que queramos darnos por la ciudad el patrón de juego es muy simple: busca información, dirígete a cierto lugar y acaba con el enemigo final, sin ningún problema de por medio.