Análisis
¿Y tú de quién eres?
Rare nos presenta una polémica entrega de la serie Banjo-Kazooie que seguro que no deja a nadie indiferente.
Por satsuinohadou
| Publicado el día 05/11/2008 18:00
El quid de la cuestión se encuentra en los desafíos de Jiggies de cada acto disponible en cada uno de los seis mundos, que nos llevan desde el interior de una consola de próxima, próxima generación, un aterrador terrario con una fauna y flora de lo más peculiar, un museo dedicado a Banjo, el Bosque Loco, un enorme estadio olímpico y, cómo no, la Montaña Espiral. Mientras que poco podemos decir respecto a la corrección del diseño de mundos, pese a estar adaptado en tamaño y recorrido a la exigencia de manejar un vehículo, con carreteras, puentes, tramos elevados que pueden conducirnos a enormes caídas, eludiendo aspectos más centrados en las clásicas habilidades plataformeras; la estructuración y desarrollo de muchas de las misiones deja bastante que desear.
Tenemos niveles en los que debemos proteger la integridad de un personaje, atacando a los robots creados por Grunty para hacernos la vida imposible, fases de carreras con puntos de control, niveles que exigirán encontrar e interactuar con diversos objetos, misiones en las que tenemos que localizar uno o varios objetivos y llevarlos hasta cierto punto del escenario, retos de velocidad en los que se nos exhorta a alcanzar lo antes posible una cota prefijada u otros en los que habrá que atravesar el punto de control como poco a la velocidad mínima marcada. También hay margen para eventos más distintivos como marcar una serie de goles dentro del estadio de Banjolandia, derribar una serie de fichas de dominó de un único movimiento, realizar un salto de longitud en el Coliseum, poner a salvo un premio de recolección de cocos ganado por Mumbo Jumbo usando artillería antiaérea, acabar con un número de barcos en un tiempo determinado, etc. Conforme avanza la aventura nuestras probabilidades de éxito en cada reto dependen más y más de los vehículos poseídos, siendo en muchas ocasiones imposibles de superar si no contamos con ciertos diseños adaptadas a medida.
Cada fase cuenta con unos baremos objetivo en puntos o tiempo para acceder de mayor a menor a los trofeos de Tomás, el Jiggy y las notas. De esta forma encontraremos una barra de tiempo que determinará si nos llevamos todas las recompensas: Trofeo de Tomás, Jiggy y notas, sólo el Jiggy y las notas o incluso solamente las notas o nada si somos realmente lentos. En cualquier momento podemos reiniciar el desafío, aunque tenemos que volver a aguantar la carga inicial así como toda la parafernalia en forma de texto.
Todos estos niveles podrán ser superados con vehículos terrestres, en otras ocasiones marítimos o incluso aéreos. Algunos desafíos nos permiten escoger un vehículo de nuestra colección o incluso crearlo en ese momento, mientras que en otras ocasiones tendremos que lidiar con el artilugio prefijado. La libertad de diseño disponible mediante el editor, siguiendo unas reglas básicas tanto a la hora de construir los vehículos como a la hora de demostrar sentido común para equilibrarlos, las marcadas diferencias de comportamiento y las exigencias únicas para sacar el máximo partido en cada uno de los niveles tienden a potenciar la creatividad y la lógica para conseguir obtener las mejores marcas.
Los niveles de carreras, tanto uno contra uno como en grupo, nos exigen un alto nivel de precisión, ya que por construcción los vehículos tienden a girar 180º al chocar contra un límite del escenario o contra un rival. Este hecho nos obliga a realizar una carrera casi perfecta y nos llevan a tener que rejugar algunos desafíos en demasiadas ocasiones. No gozamos de la precisión en el manejo de un Mario Kart o similar, incluso tampoco de juegos como Diddy Kong Racing o Banjo Pilot. Rare ha puesto bastante esfuerzo en tratar de recrear la física de los vehículos, especialmente motivadas por las peculiaridades de su diseño. En algunos niveles deberemos cargar con un personaje para por ejemplo realizar el mantenimiento y comprobación de las cámaras de seguridad de Banjolandia. Esto nos lleva a controlar un vehículo con una altura desproporcionada en comparación con el tamaño del chasis y por lo tanto a tener una tendencia muy marcada a volcar. La estabilidad en curva, el peso del vehículo, el equilibrio entre las partes del coche para evitar descompensaciones de potencia o suspensión, incluso la inclusión de alerones y alas, pueden afectar drásticamente al comportamiento en curva y a las prestaciones en salto o en vuelo, además de al ángulo de giro.