Análisis
A mal tiempo, buena cara
El último componente de la saga Battlefield llega en exclusiva a las consolas de nueva generación, descubre lo que nos ofrece la última obra de Digital Illusions.
Por Pablo Cruz Delgado
| Publicado el día 12/09/2008 01:35
Menos táctica, más arcade
A pesar de lo que pudiera parecer durante su periodo de desarrollo, Bad Company no ofrece una experiencia de juego abierta en la que podamos elegir el camino que seguir durante una misión, sino que ofrece unos mapas muy vastos que nos permiten elegir, por ejemplo, desde qué punto o de qué modo abordar un campamento enemigo, ir a pie hacia un punto explorando el escenario por si "descubrimos alguna recompensa" o, por el contrario, coger un vehículo y trasladarnos más rápidamente. Es decir, aunque el título sea igual de lineal que la mayoría de los shooters, da un paso más allá, ofreciéndonos la posibilidad de atacar al enemigo desde diferentes flancos y de varias maneras.
Algo que también aporta a esta libertad es la posibilidad de destruir casi todo el escenario de juego. Aunque no son destrucciones en tiempo real, es muy gratificante, por ejemplo, dejar al descubierto a un francotirador que esté apostado en una ventana del segundo piso de un edificio. Aunque la mayor parte del escenario sea destructible no debemos llevarnos a engaños, ya que como ya hemos dicho no es en tiempo real y por consiguiente no podremos destruir un edificio al completo sino que se irán derrumbando partes ya predefinidas, algo que no importa mucho ya que el trabajo de Digital Illusions en este aspecto ha sido mucho e intenso, algo que se nota en el resultado final.
Hasta aquí todo pinta muy bien, imaginaos el abanico de posibilidades que existen a la hora de acabar con un asentamiento enemigo. Desde jugar con el sigilo e ir acabando poco a poco con los soldados a pedir un ataque aéreo y arrasar todo o infiltrarnos en sus dependencias y darles caza con sus propios tanques. Sin embargo, el mayor lastre que posee el juego es la inteligencia artificial de la que hacen gala los enemigos, algo disimulada por la gran potencia de fuego de la que hacen gala. Como dice el título al principio de la página, se ha apostado por un sistema más arcade y menos táctico, no tendremos que rompernos mucho la cabeza para encontrar la posición de los enemigos o esperar a que asomen la cabeza detrás de su parapeto; normalmente suelen estar a la vista, la dificultad reside en que suelen estar acompañados y también en la gran potencia de fuego de sus armas.
Nuestros compañeros de equipo nos dan una de cal y una de arena en cuanto a su inteligencia. Habrá momentos en los que actúen bien, siguiéndonos el rastro e intentando acabar con todos y cada uno de los enemigos que tengan a tiro; pero por desgracia también habrá momentos en los que su sentido del olfato no sea tan bueno y o bien se vayan en otra dirección o bien se queden parados detrás nuestra. Algo que queremos citar es lo bien que se ha desarrollado la personalidad de cada uno de nuestros compañeros y cómo se ha incluido en el juego: presenciaremos situaciones en las que uno de los soldados salga corriendo a acabar con los enemigos o que, por el contrario, sea reticente a la hora de atacar, algo que junto a las conversaciones que mantienen entre ellos aporta un toque de humor muy bueno a la aventura.
En cuanto al sistema de juego, es prácticamente igual que el de todos los shooters disponibles para la plataforma, aunque tiene algo que lo diferencia de los demás: el peculiar armamento. En casi todas las ocasiones iremos equipados con un arma (normalmente una metralleta) y con una granada, para divertirnos reduciendo a escombros todo lo que encontremos a nuestro paso. Además de esto también portamos la herramienta más importante del juego, la jeringuilla que nos salvará la vida en más de una ocasión: cuando nos encontremos en mal estado basta con usarla y a los pocos segundos ya estaremos otra vez en plena forma. Por último, en ciertos momentos también portaremos curiosos objetos como cargas C4 para acabar con determinados objetivos, una herramienta para reparar vehículos o un precioso aparatito con el que podemos pedir un devastador ataque aéreo.