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Con unos controles que se nos antojan demasiado rebuscados y molestos, el juego pierde gran parte de su atractivo tras las primeras partidas. No ayuda nada tampoco que los tutoriales estén tan poco preparados o la falta de ayudas visuales durante las competiciones. Un ejemplo es el de la prueba por excelencia: los 100 metros lisos. Presionar los gatillos ya es de por sí toda una agonía, pero si encima no tienes manera de saber con exactitud cuándo se da la salida, la prueba se convierte en un ejercicio de dolor y frustración.
Dejando a un lado el decepcionante manejo y las nulas explicaciones de las reglas por medio de los tutoriales, podemos entrar a hablar un poco de los modos de juego. Aparte de poder disfrutar de pruebas sueltas o entrenar, existe una modalidad más elaborada en la que empezamos con un equipo de atletas mediocres a los que ir mejorando por medio de puntos de experiencia. El objetivo es ir superando pruebas para obtener puntos que repartir entre nuestros participantes, ya sea aumentando su potencia, su velocidad o su resistencia. La idea no sería del todo mala si no fuera surrealista que en los Juegos Olímpicos tengas que aguantar a un puñado de atletas fondones con los que resulta casi imposible conseguir cualquier éxito porque, sencillamente, son muy inferiores a los controlados por la máquina.
Existe también un modo multijugador local y online, que a pesar de tener las mismas pruebas siempre aporta algo más de diversión. La frustración será la misma en compañía, pero siempre es más gratificante comprobar que no eres el único que sufre de lo lindo girando los sticks durante largos minutos para la odiosa prueba de ciclismo. Por desgracia, jugar con más gente no asegura que vayas a jugar contra tus amigos. Muchas pruebas tienen un sistema de eliminatorias o se juegan por turnos, por lo que tendrás que esperar mientras tu oponente tiene sus propios enfrentamientos con la máquina. Tiempo que, bien mirado, se puede aprovechar para recuperar la movilidad en los dedos entre tortura y tortura.
En cuanto a los apartados técnicos, Beijing 2008 destaca por el buen modelado y los realistas movimientos de la mayoría de los deportistas. A veces se repiten las caras y los gestos, pero durante las competiciones los resultados son notables, con movimientos que no resultan casi nunca forzados. Los entornos también están bien detallados, aunque no llegan a deslumbrar. Texturas con suficiente resolución y algunos estadios reales, incluyendo el famoso Cubo, dan algo de color a las pruebas.
El apartado sonoro sin embargo pasa mucho más desapercibido. Música casi inexistente y efectos de sonido que no pasan de los justo y necesario.
Beijing 2008 es en conjunto un juego mediocre que no ha alcanzado ni por asomo la calidad que se le debe exigir al título oficial de los Juegos Olímpicos. La mayoría de sus pruebas son frustrantes, con algunas que podrían pasar al selecto grupo de las peor diseñadas en cualquier juego del género habido y por haber. Con apenas un puñado de deportes realmente divertidos, es difícil buscar una justificación para animar a alguien a comprar el juego más allá de los fans de los deportes.
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