Análisis
Destruyendo la leyenda
Aunque en principio prometía mucho más, la adaptación de la homóloga película de Robert Zemeckis no consigue sorprender en casi ningún aspecto convirtiéndose así en un mejorable beat?em up sin alma.
Por Álvaro Cristobal Alonso
| Publicado el día 26/01/2008 20:39
Batallas con escasa identidad
Beowulf, el personaje que siempre controlamos durante las constantes trifulcas del juego, cuenta con un gran elenco de ataques, algo simples pero efectivos, en los que puede usar tanto sus puños como las diversas espadas, huesos o lanzas que va encontrando. Contamos con hasta cuatro estilos de combate, cada uno con sus propios combos, pero su escasa variedad es tal que no hay diferencias entre uno y otro.
Por su parte la selección de espadas también es muy escasa y sólo destacan las denominadas Armas Legendarias, las cuales están ocultas en sitios de muy difícil acceso y su gran peculiaridad es que, además de su gran poder y mayor resistencia, son irrompibles, al contrario que las demás. El medidor de daño de estás es bastante simple pero el sistema es poco efectivo ya que es complicado reparar las armas durante el combate y son bastante frágiles en general por lo que cada poco tiempo hay que recoger una nueva arma del escenario para poder seguir combatiendo. De igual manera Beowulf también cuenta con un escudo para parar algunos ataques y si se usa adecuadamente todas estas armas, en lugar de la "Ira Carnal", la moral de tus compañeros aumentará y su efectividad también.
La mencionada Ira Carnal, en este caso, es una especie de medidor de furia que se va rellenando a medida que Beowulf va recibiendo daño o agarra a los enemigos. Cuando esté al máximo puede liberar todos sus impulsos animales volviéndose invulnerable durante unos pocos segundos y consiguiendo un mayor daño en sus ataques. Su uso, además de poder llevarnos a otro final alternativo del juego, hace que podamos confundirnos en las batallas ya que la pantalla se tiñe de rojo sangre y, después de haber terminado, nos hace bastante vulnerables. Además si se usa habitualmente nuestros hombres nos temerán y cuando ellos mueran no resucitarán a los pocos segundos.
De igual manera la asignación de las órdenes a nuestros compañeros no van más allá de las típicas de atacar, cubrirse, abrir o cerrar puertas y defendernos. De los doce disponibles, que vamos desbloqueando a medida que avanza el juego, podemos llevar hasta cuatro grupos de tres hombres, idóneos para las últimas batallas, que son las más complicadas aunque su Inteligencia Artificial siempre deja bastante que desear. También, en ocasiones, nos pueden ayudar en el cántico de la Canción de los Barones, una especie de mini-juego para aumentar la moral de nuestros compañeros y completar ciertas misiones, pero que resulta algo extraño e inconexo respecto a la mecánica del juego.
Esta prueba rítmica se basa en la popular saga Guitar Hero y su mecánica es muy simple, teniendo que pulsar una serie determinada de botones en un orden establecido y durante un tiempo determinado, dependiendo si es una nota larga o corta. Consta de dos círculos diferentes y un marcador, por lo que cuando cruce el círculo corto hay que pulsar una tecla determinada y cuando lo cruce el grande otra diferente. No es realmente complicado pero se repite con demasiada frecuencia y rompe ligeramente el, ya por sí, escaso ritmo del juego. Un ligero fallo puesto con "calzador" más que un acierto,
Otro aspecto también un poco extraño es el sistema de mejoras de habilidades que, según si utilizamos más las habilidades de la Ira Carnal, se van desbloqueando unas acciones u otras, lo que repercute a su vez en algunos escasos comentarios de la gente del castillo. En este además también podemos conseguir ciertos consejos para próximas batallas o bien mejorar la Ira Carnal y las dotes heroicas hablando con su población, algo escasa por cierto.
Por último, en total contamos con tres niveles de dificultad aunque no hay demasiada diferencia entre ellos: los dos primeros son relativamente demasiado fáciles y en el tercero, Leyenda, el juego también se puede completar con rapidez simplemente cubriéndonos con cierta frecuencia y siendo un poco más hábiles con los jefes finales. Con todo ello los tres actos principales del juego se pueden completar en bastante poco tiempo, poco más de seis horas y la rejugabilidad es algo escasa, casi nula.