A Dios rogando y con la inteligencia artificial dando
Black and White 2 se presenta como un juego de estrategia en tiempo real en el que debemos elegir el camino del bien o del mal para alcanzar la victoria frente a escandinavos, japoneses y aztecas en las ocho islas que visitaremos. Además tendremos que preocuparnos de que nuestra criatura haga las acciones que nosotros deseemos, ya sean las más bondadosas o las más atroces, de manera que vaya desarrollando sus habilidades de manera apropiada. El molde básico es el mismo que en la primera parte, pero en esta ocasión pasaremos mucho más tiempo atendiendo las necesidades de nuestros discípulos que los de nuestra criatura y tendremos un sistema de combate propio de los ETR más clásicos como Age of Empires o Warcraft.
Tras elegir a nuestra criatura preferida entre las cuatro disponibles y pasar por uno de los tutoriales más enervantes jamás hechos (tras aprender a mover la cámara a la izquierda aprenderemos a moverla a la derecha), guiados siempre por las voces de nuestra conciencia representadas, como no, por el viejo bonachón y el diablillo regordete, comenzaremos con una misión inicial que será la de rescatar a algunos supervivientes griegos de la barbarie azteca, para así iniciar con ellos el ascenso de nuestra civilización en una isla lejana. A partir de aquí el comienzo en cada una de las islas será idéntico: tendremos a nuestra disposición un puñado de discípulos, a nuestra criatura y al centro del pueblo como único edificio. En este edificio tendremos información de las necesidades de nuestro pueblo, de nuestro porcentaje de bondad o maldad, todo tipo de datos (población, esplendor, felicidad, etc.) y el edificio cuya construcción o reparación es más deseado por parte de nuestros seguidores.
Representados por una mano, como Dios tendremos pleno poder de hacer y deshacer, pero sólo dentro de nuestra área de influencia, que viene marcada por los edificios construidos. Fuera de esa área no tendremos ningún poder, ya que como deidad nuestra existencia sólo tiene sentido por la fe de nuestros discípulos, y esa fe tiene su reflejo en nuestro recurso principal: los tributos. Para poder acceder a nuevos tipos de edificaciones, realizar milagros, mejorar las habilidades de nuestra criatura o conseguir alguna ventaja especial tendremos que gastar tributos. Para obtenerlos habremos de completar la misión principal y las secundarias de cada isla, o hacer las misiones especiales a las que se accede con los pergaminos plateados que aparecen diseminados en cada isla. Aparte de los tributos, los otros recursos disponibles serán: comida, que se obtiene del grano cultivado en los campos que sembremos; madera, que se obtiene obviamente de los árboles y es fundamental para la construcción de todos los edificios; mineral, recurso que suele ser escaso y que es necesario en la construcción de los edificios más avanzados y para las murallas; maná, que se obtiene de los acólitos que rezan en los altares que construyamos y que es el recurso que se consume cuando lanzamos milagros. De estos últimos hay seis tipos (tres de la senda del bien, tres de la senda del mal) y los podremos lanzar tanto nosotros como nuestra criatura, previo gasto de los tributos correspondientes en cada caso.
Nuestra criatura requiere un comentario aparte, ya que es un ente con personalidad propia que toma sus decisiones con autonomía (aunque podemos forzarla con las correas), tiene su propia alineación y al que tendremos que educar para que vaya por el camino que consideremos correcto y se desarrolle física y mentalmente. Con respecto al primer Black & White este apartado se ha simplificado mucho, ya que la criatura tiene plena autonomía desde el principio, y nuestra labor consistirá en decirle si una acción de entre las 59 que puede hacer es correcta o no, yendo estas acciones desde si debe alimentarse o no de aldeanos hasta donde debe defecar. Para adoctrinarla debemos abofetearla o acariciarla mientras realiza la acción, o bien podemos ir al menú de la criatura y seleccionar la acción deseada de entre todas las posibles aunque la criatura no la esté haciendo. Otra opción para perfilar su comportamiento es seleccionar uno de los roles predeterminados: constructor, recolector, animador y soldado, o bien seleccionar voluntad propia y dejarle completamente a su libre albedrío. Si queremos destacar alguno de los roles en concreto podemos gastar tributos en los niveles avanzado y maestro, que harán a la criatura mucho más eficaz en esas labores.
Los discípulos no son tan autosuficientes como la criatura. Intentarán ir cubriendo sus necesidades, dedicándose por ejemplo más a recolectar grano si hay escasez de comida, pero nunca se organizarán de manera tan eficiente como nosotros podemos hacerlo. Si queremos que dediquen su tiempo a una actividad concreta tan sólo habrá que cogerlos y soltarlos encima de algún recurso, si queremos que lo recolecten, o de un edificio, si queremos que lo construyan o reparen. Si la necesidad de un recurso es muy acuciante siempre podremos recolectarlo nosotros mismos o recurrir a la construcción divina para terminar los edificios en un santiamén. Lo que no podemos hacer por nuestros discípulos es rezar o procrear. Si deseamos maná habrá que depositarlos en el altar para que recen (o sacrificarlos cruelmente en él para obtenerlo de manera inmediata), y si deseamos aumentar nuestra población bastará con depositarlos encima de miembros del sexo opuesto para que se conviertan en procreadores, encargándose ellos, en privado, de la parte más divertida del asunto.