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A nivel técnico, sin embargo, Black nos puede dejar completamente boquiabiertos. Aunque puede haber alguna pequeña ralentización en algún momento, el motor gráfico de Black es de lo mejor que se puede ver en PlayStation 2. Es imposible apreciar el logro técnico del juego si nos fijamos en las pantallas estáticas: la impresión de destrucción que se quería transmitir según el director- y que se transmite muy bien- puede solamente comprobarse al ver el juego en movimiento. Explosiones por todas partes, polvo que se levanta al dar las balas al suelo, paredes que se descascarillan por los disparos, columnas que acaban roídas y con la mitad de su masa original, cristales que estallan, estructuras enteras que se desmoronan...los escenarios de Black son completamente destructibles, y de hecho, posiblemente hasta la fecha sea el juego que mejor realiza esto, y que técnicamente debiera ser puesto como ejemplo a seguir en juegos de acción posteriores.
De este modo, lo mejor de Black es quedarse anonadado ante la fisica realista de la que hace gala. Es interesante comprobar la diferencia del campo de batalla antes y después de la acción: al final, las paredes estarán llenas de agujeros de bala, las columnas destrozadas por explosiones, las puertas caídas, los vehículos chamuscados, los depósitos de gas en llamas, los cadáveres de los enemigos en el suelo (sin que desaparezca ninguno) y toda muro poco macizo lleno de agujeros o directamente esparcido por el terreno. Lo que es algo extraño es que en un juego de tanta violencia no haya una gota de sangre.
A todo esto, se suma la excelente presentación de Black, que ofrece además el selector de 60Hz. Los efectos de iluminación son fabulosos, y algunas técnicas interesantes ayudan a colaborar en la espectacularidad del juego: al realizarse una animación de recarga, por ejemplo, toda la pantalla -salvo el arma- queda desenfocada. Además, al estar bajos de vida, el juego se ralentizará sutilmente mientras los colores cambian al blanco y negro, de forma similar a lo que vimos en King Kong. Finalmente, las escenas de vídeo donde transcurre la historia también funcionan bien: a pesar de que están rodadas con actores reales- algo que en un videojuego suele quedar realmente horrible- al utilizarse un solo foco de enorme potencia, un ligero desenfoque de movimiento y unos efectos cromáticos muy curiosos, se consigue dar cierta sensación de irrealidad a esos momentos, y nunca llegamos a ver con total claridad los rostros de los dos personajes que hablan: una apuesta bastante arriesgada y un curioso experimento, que - sin ser ninguna película de Wong Kar-Wai- logra unos resultados muy buenos. Lo malo es que no podemos saltarlas, lo que es un engorro cuando ya las hemos visto una vez.
El apartado sonoro del juego también está logradísimo. El juego nos permite elegir el idioma de audio, y tanto el doblaje original al inglés como el español están igualmente logrados: no es que haya demasiados diálogos en el juego, pero los que hay han sido doblados con profesionalidad. Los efectos sonoros también nos ayudan a meternos dentro del juego, y tenemos que estar constantemente pendientes del silbido de las balas y cohetes, de los cristales estallando, de los gritos de los enemigos, etc. Durante todo momento, cada elemento con el que interactúa el jugador tiene su efecto sonoro: diferentes sonidos según la composición maciza o débil de una pared, sonido para disparos a la piedra, al metal o a la madera, explosiones grandes, explosiones pequeñas, etc. Finalmente, la banda sonora tiene pocos temas, pero todos consisten en canciones orquestradas para darle al juego un toque épico, y funcionan bastante bien.
En conclusión, Black no es un juego original ni especialmente variado, pero ofrece lo que promete, y lo ofrece bien: acción a raudales, explosiones continuas, mecánica simple y directa. A pesar de ser algo corto y limitado, si lo que se busca es un juego lleno de explosiones y con tecnología punta, Black es más que satisfactorio. Si buscas un argumento apasionante y un juego que te haga pensar, busca en otra parte.
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