Análisis
No sin mis setas
"Boing! Docomodake DS" es un plataformas original y alternativo.
Por Pablo Ayllón Lolo
| Publicado el día 01/10/2008 00:12
Al principio del juego no dispondremos de muchos minis, pero en la recta final la cifra puede ascender hasta casi la veintena, ya que se pueden obtener de los cofres que hay repartidos por los niveles. Hablemos un poco más de los usos que tienen. Por un lado, podemos arrastrarlos con el lápiz táctil y apilarlos para que formen una escalera, y, por otro, se pueden colocar en el sitio deseado para que desequilibren un par de plataformas unidas mediante poleas, se queden como un escalón en el aire (basta con colocarlos en rectángulos de puntos) o activen un interruptor que abre el muro del color correspondiente. También podemos picar dos veces en un mini para convertirlo en bola y lanzarlos contra enemigos e interruptores. Podemos devolver los minis en cualquier momento al cuerpo de papá Docomodake, ya sea arrastrándolos con el lápiz táctil uno a uno, seleccionando varios con un círculo o picando dos veces en el icono en forma de mano que lleva el padre encima de la cabeza, necesario para que gane tamaño y pueda empujar bloques.
Sin embargo, el diseño de los niveles no es tan perfecto como, por ejemplo, en la saga Zelda. Pongamos la situación siguiente: papá Docomodake utiliza a los minis para bajar una de las dos plataformas unidas por una polea y pasa por la rendija que queda en entre medias. Por la razón que sea, se encuentra en una sala en la que necesita usar más minis, por lo que los atraemos al picar dos veces en el icono de la mano. También recuperamos los minis que mantienen las plataformas en su sitio, por lo que éstas vuelven a alinearse y nos quedamos sin salida. ¿Solución? Poner el juego en pausa y seleccionar la opción para reiniciar el nivel. Puede parecer un caso extremo, pero la realidad es que tendremos que enfrentarnos a este inconveniente muchas veces a lo largo del juego, sobre todo si tenemos en cuenta que los minis pueden convertirse en angelitos al caer en los pinchos (se pueden revivir en unas estatuas con campana) y es posible que no tengamos los suficientes para avanzar. Un paso en falso puede dejarnos bloqueados y sin posibilidad de dar marcha atrás, lo que nos conduce a la conclusión de que la arquitectura de las fases de Boing! Docomodake DS podría ser mejor. Al menos tenemos una opción para parar el juego, ver el nivel al completo y pensar cómo nos vamos a abrir camino. Con todo, tenemos que decir que, sin llegar a ser una explosión de diversión, recorrer los niveles del juego es entretenido, razonablemente variado y bastante satisfactorio.
En términos generales, podemos decir que la jugabilidad de Boing! Docomodake DS está bien resuelta y hace un buen uso de la pantalla táctil. El problema está en los niveles, que nos pueden dejar sin escapatoria en más de una ocasión. La pantalla superior queda casi en desuso; se podría haber incluido un mapa del nivel, muy útil para saber qué camino hay que seguir.
Poco nos queda ya por comentar. Si bien el objetivo prioritario en cada fase es alcanzar la meta, no es necesario que visitemos todos los rincones para conseguirlo. No obstante, los que quieran desbloquear los extras tendrán que hacer un poco de exploración para conseguir los cofres (que pueden contener nuevos minis) y las monedas que están repartidas en los niveles, cuya cuenta se lleva en la pantalla superior. Lo cierto es que los contenidos adicionales no van más allá de unas pocas imágenes y canciones, así que es el jugador el que se tiene que picar sin demasiados alicientes.
Papá Docomodake es el que tiene una mano encima
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Gracias a los minis podemos desequilibrar estas plataformas
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