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Braid
Ha nacido un juego de culto
El catálogo de Xbox Live Arcade se va poblando, poco a poco, de pequeñas maravillas jugables que lo convierten, por derecho propio, en algo más que un surtido de minijuegos para matar el rato. Y es que, en un mercado plagado de blockbusters, los desarrolladores independientes han encontrado en la descarga directa y el micropago la oportunidad de acceder al gran público por medio de una inversión razonable de tiempo y dinero.
Es el caso de Jonathan Blow, autor de Braid, que ha pagado de su bolsillo (y del de sus amigos) cada píxel de un juego que bien puede pasar por ser el abanderado de la veta indie de Xbox 360.
No es para menos. Braid se ha convertido, desde su aparición, en una obra de culto debido a su cautivadora puesta en escena, a su certera revisión del género de plataformas (y de los videojuegos en general) y a una propuesta jugable tan original y efectiva como profunda y conmovedora. En ella, Tim, el melancólico protagonista de esta historia, deberá recomponer los fragmentos de cinco lienzos que cifran los episodios más amargos de su vida -su miseria, su vergüenza, su culpa-, con la esperanza de que llegar a hacerlo podrá redimirlo de los errores que cometió en el pasado y lo llevaron a traicionar a la persona que ama, la princesa.
Para lograr este objetivo, Tim se embarca en un viaje a través de seis mundos que parecen existir entre el sueño y la vigilia, en el limbo de la propia conciencia del viajero, entre cuyos símbolos acaso encuentre las piezas del puzzle capaz de restaurar la inocencia y el optimismo perdidos. Una historia lírica e introspectiva que revisa el tópico en torno al héroe que rescata a la princesa (en este caso, el héroe busca rescatarse a sí mismo a ojos de la amada), pero que se quedaría ahí, en un magnífico planteamiento, de no ser por la inteligencia con que éste se ha integrado en la propia jugabilidad del título.
Una jugabilidad cuya mecánica, por otra parte, no puede ser más sencilla. Estamos ante lo que parece un clásico juego de plataformas en dos dimensiones, con scroll horizontal y un botón para saltar (A). No obstante, y ya desde los primeros compases del juego, si pulsamos el botón X tendremos la posibilidad de rebobinar el tiempo, algo que en un principio parece no tener ninguna utilidad concreta, pero que mundo a mundo irá ganando un mayor protagonismo a la hora de resolver los dilemas a los que se enfrentará Tim.
Por lo pronto, y al más puro estilo Prince of Persia: Las arenas del tiempo, podremos rebobinar la acción cada vez que cometamos un error fatal, no apuremos un salto, etc. De esta manera, no nos resultará difícil sortear los obstáculos y enemigos de cada nivel, llegando a recorrer todos los niveles de todos los mundos en poco tiempo, cosa que puede resultar chocante en un principio. Y es que en Braid el objetivo no es pasar de un nivel a otro, como en la mayoría de juegos al uso, sino coleccionar las piezas de puzzle que están repartidas por los distintos mundos del juego a fin de poder recomponer con ellas los cinco cuadros que darán a Tim la oportunidad de redimirse ante la princesa.
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