Brave es un aprendiz de chamán, pero también es un joven guerrero que sabe defenderse cuerpo a cuerpo. Al principio del juego, nos debemos conformar con usar ramas para golpear a los enemigos (animales, por lo general), con la posibilidad de prenderle fuego para provocar más daños. Pero más tarde, Brave podrá hacerse con dos potentes hachas y un arco con sus respectivas flechas. Al pulsar el botón "X" repetidamente, Brave comienza a repartir hachazos sin seguir un combo fijo, mostrándose, de este modo, que el motor de colisiones está de vacaciones. Muchos de los golpes los daremos al aire o atravesaremos los cuerpos de los enemigos sin causarle daño, a pesar de ver claramente que les hemos alcanzado. A la hora de disparar flechas nos encontramos con el mismo problema. Pero sin lugar a dudas, lo que empeora, y casi termina por hundir al juego del todo, es la cámara. Literalmente, hace lo que le da gana. Lo mismo se pone mirando a Cuenca como que empieza a dar vueltas sin sentido. Como es lógico, esto es utilísimo en los combates contra los jefes finales, que nos dan para el pelo a base de bien, mientras que nosotros no sabemos ni dónde estamos ni hacia dónde hay que mirar.
Algunos detalles si son de agradecer como la posibilidad de encontrar objetos ocultos, concretamente unos tótems que hay enterrados por todo el juego y que hay que buscarlos para desbloquear extras. Brave puede olisquear el suelo cual perro del hortelano para seguir el rastro de los enemigos, pero si lo hacemos justo cuando en pantalla aparece una huella parpadeando, a la vez que el mando vibra con más intensidad, podemos desenterrar estos tótems o descubrir huellas que nos conducirán hasta ellos o a otros secretos. Otra de las características curiosas es la de poder imitar el sonido de los animales. Para ello, basta con activar la vista en primera persona y buscar algún animal como un pajarito, un águila, un conejo o un lobo. Si les miramos directamente, en pantalla aparecerá el botón "A" para que Brave imite el sonido de ese animal. Esto sirve para acceder a nuevas zonas, tótems o minijuegos. Además, Brave también puede poseer el cuerpo de los animales si se coloca en ciertos pedestales. De este modo, podemos manejar brevemente a lobos, conejos, pájaros, entre otros lindos animalitos. Por último, también podemos pescar peces con una lanza improvisada.
Brave puede andar, correr, saltar, caminar agachado, olisquear el suelo, trepar por enredaderas, remar en barca, dar pisotones, en fin, lo típico en el género. Sin embargo, Brave: A Warrior's Tale falla estrepitosamente en varios apartados que convierten al juego en prescindible. Su extrema linealidad, su bajo nivel dificultad y su duración poco generosa tienen la culpa, pero el mediocre sistema de cámaras y los fallos en el motor de colisiones mandan el juego a tomar viento fresco de forma definitiva. Quizás a los jugadores más jovencitos de la casa les pueda interesar este videojuego, pero tampoco nos atrevemos recomendárselo a ellos, no sea que los padres piensen que nosotros somos partidarios de la errónea idea de que "ser niño es sinónimo de ser tonto".
Gráficos
Brave: A Warrior's Tale tampoco da muchas alegrías en este apartado. ¿Recordáis la entrega de PlayStation 2? Pues prácticamente es igual, salvo por pequeñísimos detalles que, aún así, no demuestran que estamos ante un juego de Xbox 360. Para empezar, los personajes poseen un diseño bastante raro. No sabemos si es por respetar el look del original o que, pero en general todos los personajes del juego son más feos que un pie, empezando por Brave y su mentón gigante.