Análisis
Más heavy que el trüeno
Sangre, fuego, ruido y metal. La nueva genialidad de Schafer.
Por Pablo Ayllón Lolo
| Publicado el día 28/10/2009 08:23
A pesar de que Brütal Legend se fundamenta en la dinámica del hack’n’slash, ofrece un desarrollo bastante variado que nos tendrá más que entretenidos alrededor de ocho horas. La Separadora y Clementine son los principios del juego, que nos servirán para repartir leches, electrocutar y prender fuego con punteos (hasta que las cuerdas quemen, claro) a enemigos y bestias de lo más extravagante. Con dos botones es suficiente para blandir las armas y llevar la devastación a un mundo abierto que se descubre a medida que progresamos por la estructura típica de misiones principales y secundarias.
A lo largo y ancho del abrupto mundo del metal hay espadas gigantes de piedra, monumentos con calaveras, estatuas de dragones, autopistas en decadencia y amplis desperdigados a los que que, gracias a Dio (Ronnie James, se entiende), podemos llegar montados en el Deuce, un buga con llamaradas en la carrocería y los tubos de escape que Eddie se saca de la manga al principio de la aventura. Es todo un placer quemar el asfalto y el cráneo de todo el que se cruce con la melena al viento y montado en este monstruo de tracción total con un sistema de sonido a la última.
Como es lógico, la historia avanza en las misiones principales, que son las que nos dan los momentos más complejos e intensos. Eddie, al frente de la legión Ironheade, tendrá que hacer las veces de general y dirigir tropas de headbangers (unos tipos bastante cortos que sólo viven para dar cabezazos), pipas, moteros que curan con notas de bajo, groupies con malas pulgas, barones que se mueren por el alpiste y hasta carros de combate para derrotar a Lionwhyte (o una amenaza aún mayor) y sus esbirros.
En estas secuencias se combina la acción pura y dura con la defensa de torres que tan de moda está últimamente. El cuartel general de nuestro ejército es el escenario de un concierto que no debe caer pase lo que pase, y las torres son puestos gigantes de merchandising colocados encima de géiseres de fans. Como los fans lo son todo para el músico, tendremos que cuidarlos para así poder invocar todo tipo de unidades a las que guiaremos y daremos órdenes sencillas. Sólo con hacer el gesto de los cuernos nos acompańarán a la gloria o a una muerte segura.
El sistema es bastante profundo por varias razones. En primer lugar, cada unidad tiene sus puntos fuertes y débiles, así que es importante contar siempre con un grupo equilibrado. Por otra parte, Eddie puede valerse de cualquier unidad (hay nueve diferentes) con fines ofensivos o estratégicos, ya sea pegar tiros con las groupies, ponerse al volante de la artillería pesada o subirse a la pila de altavoces que los pipas llevan a cuestas para ser prácticamente invisible. Es más sencillo de lo que parece; de hecho, el único inconveniente es que para elegir que sólo nos siga un tipo de unidad se ha optado por un sistema un tanto impreciso que nos puede jugar alguna que otra mala pasada. Por lo demás, supone una vuelta de tuerca muy interesante que da otra dimensión a la jugabilidad.
La guitarra de Eddie desempeńa un papel fundamental en Brütal Legend. En ciertos puntos del mapa encontraremos reliquias con las que aprenderemos doce solos que nos vendrán de perlas (o de esa expresión con la palabra “madre” ) en estas batallas mastodónticas y, por extensión, en todo el juego. Un minijuego de pulsar botones será suficiente para insuflar bizarría a nuestros guerreros, camelar a los fans, invocar el Deuce, colocar banderas para guiar a las unidades, derretir las jetas de los malos para dejarlos como Steven Tyler o estrellar un Hindenburg contra las facciones rivales. Un buen guitarrista siempre marca la diferencia.