Aspectos técnicos
Como ya hemos citado,
Burnout salió a finales de 2001, poco menos de un año después que el lanzamiento de PlayStation 2 y casi simultáneamente que
Gran Turismo 3. Las semejanzas entre uno y otro título eran constantes pero el juego de Criterion conseguía ciertas ventajas gracias a su increíble sensación de velocidad (gracias al Motion Blur), si bien ambos juegos tenían vehículos no deformables (aunque en Burnout estos se podían destrozar en las repeticiones), un alto nivel de detalle en sus escenarios y unos conseguidos efectos gráficos, como el humo de los motores.
También la iluminación de los escenarios estaba muy bien conseguida aunque también conseguía destacar gratamente por el número de vehículos que mostraba en pantalla y la opción de disfrutar el juego en televisiones de 60 Hz, un autentico lujo para algunos pocos afortunados en aquella época. Igualmente el juego iba constantemente a 60 fps, sin ninguna bajada de la velocidad aunque algunos escenarios mostraban cierto aliasing, es decir, que algunos edificios tenían ligeros jaggies, o dientes de sierra, aunque en ningún momento afectaban a la carrera. Aparte, la ausencia de una introducción, junto con unos parcos menús algo simples, hacían que la primera impresión del juego no fuera la óptima aunque el resto del juego cumplía muy notablemente.
Dentro del aspecto sonoro, además de destacar la opción de poder oírlo en Dolby Surround, hay que citar que la banda sonora acompaña muy bien la frenética acción de las carreras, creando tensión y cambiando según el momento de la carrera. No cuenta con demasiadas canciones muy pegadizas pero las existentes son suficientes mientras que los efectos sonoros, como derrapes, aceleramientos, choques o cambios de marcha están muy bien retratados.
Jugabilidad
En el control del juego nos encontramos una configuración de botones muy sencilla y con la que cualquier jugador se puede adaptar muy fácilmente. Solo hay que seleccionar si queremos un cambio manual o automático, lo que redunda es una mayor velocidad punta en el cambio de marchas manual o una mayor facilidad en el segundo. Asimismo podemos girar tanto con el mando analógico como con los botones de dirección y utilizar el turbo con

. El resto de botones se utiliza para las opciones básica de un arcade de conducción: acelerar, frenar, tocar la bocina (muy pocas veces tiene efecto sobre el tráfico) y cambiar de vista, entre una interior o una exterior, en la que es más fácil la conducción.
Todos los coches del juego, sin excepción, suelen derrapar bastante a gran velocidad, lo que resulta ideal para tomar las curvas mientras que tampoco importa que vayamos los últimos o hayamos tenido un accidente, es muy sencillo llegar a los otros rivales y el juego, en general, es muy divertido. También es compatible con la gran mayoría de volantes, incluidos los USB y en algunos de ellos cuenta con la opción force-feedback, lo que aumenta la inmersión en la carrera.
Conclusión
Burnout consiguió, por meritos propios, situarse como uno de los mejores títulos de velocidad arcade en PlayStation 2 y como el primero de una de las mejores sagas de conducción en los 128 bits. Cierto es que sus diversos sucesores le han superado, sobre todo en opciones de juego, pero la segunda obra de Criterion Games en PS2 consiguió establecer una nueva línea a seguir por los juegos de este género, tan en auge en la actualidad.