Análisis
La Guerra Moderna
Infinity Wards vuelve a tener en sus manos la saga que creó hace unos años y que ya llega a su cuarta entrega, posiblemente la mejor de todas.
Por Julio Montealegre Laforet
| Publicado el día 01/12/2007 10:24
El apartado sonoro es siempre también otro de los puntos más importantes en un FPS de este estilo, y en Modern Warface no se ha descuidado en casi ningún aspecto. De nuevo resalta la intención de los desarrolladores en conseguir que el juego resulte lo más inmersivo posible. Siguiendo ese objetivo, en Infinity Ward han puesto especial empeño en los efectos ambientales así como en el sonido de armas, explosiones y gritos en cada escena que vamos protagonizando.
Si bien las armas quizá se oyen demasiado similares entre ellas, sobre todo teniendo en cuenta su variopinto origen ya que las hay tanto americanas como rusas, la calidad del sonido está fuera de toda duda, y su potencia con un buen equipo conectado al PC hace que la experiencia sea muy realista. Los disparos rechinan y retumban con cada impacto, pueden escucharse las pisadas de todos los personajes en función del terreno, y los lanzagranadas y proyectiles explosivos hacen vibrar el aire antes de la explosión. Con un sistema 5.1 puede detectarse cada ruido y su lugar de origen, y todos los protagonistas en la acción gritan, dan órdenes o se duelen al ser heridos. Por si fuera poco, continuamente se oye el paso de helicópteros, cazas y vehículos blindados, aparte de disparos en otras zonas de combate más alejadas. Desde luego, es lo más cerca de estar escuchando la guerra.
La música orquestada también logra que nos sintamos dentro de cada fase, acompañando de forma magistral cuando el momento lo requiere, y dejando todo en silencio en otros instantes. Sus crescendos ayudan a aumentar la adrenalina en los minutos más tensos. Igual sucede con las voces, dobladas por completo al castellano y muy bien localizadas, con tacos muy nuestros y todas las órdenes dadas por radio como siempre hemos visto en las películas bélicas. Con carácter y bastante inspiradas, no se tiene nunca la sensación de que sean algo artificiales o poco trabajadas.
Entrando ya a comentar los apartados jugables, los que ya conozcan la saga no se sentirán en modo alguno desubicados frente a los controles y la respuesta del personaje a manejar, aunque las novedades en este y otros aspectos son importantes, como veremos a continuación.
Como ya se ha indicado, la historia nos sitúa en dos escenarios distantes pero relacionados por el hilo argumental. En Rusia y tras una excelente fase a modo de tutorial desarrollada en alta mar a bordo de un carguero, manejamos a Soap, en un pequeño grupo de élite que anda tras la pista de ciertas armas nucleares. Este objetivo y ciertos sucesos avanzados nos llevarán a visitar incluso la siniestra zona de Chernobyl, concretamente la ciudad de Prypjat con su famosa noria, y a ayudar (y ser ayudados) por uno de los bandos en la guerra civil rusa. Por otra parte, los acontecimientos de Oriente Medio y la existencia de peligro nuclear inminente llevan a un grupo de marines, en el que nos encontramos nosotros, a intentar capturar al culpable de todo el conflicto armado de la zona.
El control es sencillo, siguiendo las bases de cualquier FPS de ordenador, utilizando el insuperable combo de teclado más ratón. Podemos agacharnos, reptar, saltar, parapetarnos en las esquinas y, como novedad, devolver las granadas enemigas antes de que nos estallen a los pies. Además, en nuestro equipo encontramos también granadas para aturdir y unas gafas de visión nocturna, aparte del inseparable cuchillo para los encuentros más cercanos. La respuesta es rápida y directa, de corte muy arcade, igual que toda la acción. Esto puede gustar a unos y dejar un sabor agridulce a otros. El sistema de recuperación de salud automático o la irreal respuesta de las armas en su retroceso y su puntería alejan por completo a Modern Warface de otros juegos más tácticos y simuladores.