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Call of Juarez: Bound in Blood
Enchilada de tiros
Ya ha llovido mucho desde Sin perdón y mucho más desde la época de oro del cine del Oeste. Obras maestras como La diligencia o Centauros del desierto se programan (y ya es decir mucho) en un horario propio de telefilmes baratos, quizá por culpa del abismo generacional que ha redefinido para bien o para mal los valores del séptimo arte. No obstante, hay huellas que ni el desierto de Arizona podría borrar. Hablamos de leyendas como John Wayne, John Ford y, sin olvidarnos del spaghetti western, Sergio Leone, Ennio Morricone y el gran Clint Eastwood. Sí, las carteleras ya no son lo que eran, a pesar de atisbos como la reciente El asesinato de Jesse James y el empeño de Tarantino y los Coen en contar las andanzas de vaqueros modernos en Kill Bill y No es país para viejos.
Curiosamente, el mundo de los videojuegos cuenta con unos cuantos exponentes muy interesantes del género, como el viejo Outlaws, Gun, Red Dead Revolver, el próximo Red Dead Redemption y Call of Juarez. El juego de Ubisoft es el que nos interesa. Como el avispado lector habrá adivinado, hoy vamos a hablar de Bound in Blood, una segunda parte que en realidad es una primera. La experiencia es un grado, así que se han potenciado los elementos característicos del Juarez original para ofrecer un título más redondo en todos los sentidos.
Los hermanos McCall repiten como protagonistas absolutos. William, Thomas y Ray son el bueno, el guapo y el malo de la historia, que nos sitúa en plena Guerra de Secesión de Estados Unidos. Thomas y Ray demuestran su valía en el frente del Ejército de los Estados Confederados contra los soldados de la Unión, pero no dudan en desertar ante la amenaza que suponen los yanquis para la residencia familiar. Entre una cosa y la otra, los hermanos se convierten en forajidos cuya muerte tiene un precio, de modo que se ven obligados a partir hacia México junto a William (un hombre piadoso) en busca de la fortuna que representa el tesoro azteca de Juárez. Al igual que Butch Cassidy y Sundance Kid, se enfrentarán codo con codo a mil peligros y vicisitudes en sus andanzas por Estados Unidos y el país vecino. Nos complace decir que nos encontramos ante una historia muy interesante y bien llevada gracias a una pareja protagonista que va sobrada de carisma y unos secundarios que no van a la zaga.
La campaña individual de este shooter en primera persona se divide en cuatro actos para un total de doce capítulos. La duración no es excesiva, de hecho se puede acabar en unas siete u ocho horas, pero con toda probabilidad el jugador tendrá ganas de repetir. Además de un montón de secretos bien escondidos por los escenarios, al principio de cada capítulo podremos escoger entre Ray y Thomas. La decisión no es anecdótica porque hay bastantes diferencias entre controlar a uno u otro, por no hablar de que en varias ocasiones se separan y siguen caminos distintos durante un rato.
En primer lugar, hay que decir que Bound in Blood funciona muy bien como juego de disparo. Los vaqueros e indios a los que nos enfrentamos se mueven bastante bien y tenemos un arsenal más que completo para las restricciones que impone el periodo histórico. Tenemos varios modelos de revólveres, rifles (normales y con mira de tirador) y escopetas, todas con características de potencia, cadencia de fuego y velocidad de recarga bien definidas. Ray se maneja mejor en las distancias cortas, por eso puede empuñar dos pistolas a la vez y utilizar cartuchos de dinamita. En cambio, Thomas es un experto con las armas de precisión, como los rifles, el arco (sólo él puede acabar con los enemigos a flechazos) y los cuchillos, que son silenciosos y ventajosos desde el punto de vista táctico. También encontramos Gatlings y cañones.
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