Características técnicas, alternativas y conclusión
El apartado gráfico de CTR es uno de los más cuidados y detallados y todo denota una alta calidad. Por ejemplo, los escenarios son realmente sólidos, variados y con unas suaves texturas que le otorga un aspecto de dibujo animado. Los personajes, por su parte, cuentan con muchísimos detalles, unas buenas animaciones y mucha variedad. Como curiosidad comentar que se ha creado un motor específico para el mismo y que todos y cada uno de los escenarios son visibles al 100% desde todos los lugares del mismo, mostrando uno de los mejores entornos de velocidad arcade de PlayStation.
En aspectos sonoros, el juego destaca sobre todo por las melodías alegres, muy acordes con el espíritu de toda la saga del marsupial personaje. Hay otros detalles que consiguen apasionar "de oído" a cualquier jugador, entre ellos se cuenta las voces de los protagonistas, que, aunque sean escasas y repetitivas, son muy divertidas. El último aspecto a destacar es que en la última vuelta de cada carrera se acelera el "tempo" de la música presionando todavía más para que alcances la ansiada meta. En cuanto a los efectos sonoros, hay que decir que son bastante correctos y que todos los frenazos, derrapes, acelerones, explosiones, colisiones y demás comparsas están reflejados fielmente a lo que debe ofrecer un juego de estas características, y además aderezado con su particular toque de humor.
La jugabilidad es uno de los aspectos más cuidados: sencilla y a la vez genial. Como ya se ha comentado anteriormente, el control de todos los Karts es muy suave y desde la primera partida se le puede coger el tranquillo con facilidad. El uso de los ítems también es muy acertado y sencillo, si bien a la larga, como en otros tantos títulos del género, las estrategias para deshacerse de los rivales se repiten con el tiempo, pese a que no es un aspecto negativo. Los diferentes personajes cuentan con un logrado carisma aunque, una vez superada algunas carreras, habrá algunos de ellos que rápidamente conseguirán un pequeño hueco en el corazón de los usuarios, entre ellos el pequeño pingüino Penta (uno de los siete personajes secretos que se pueden desbloquear por unas secuencias de direcciones del mando o consiguiendo las diferentes gemas o los máximos tiempos contra N. Trophy). Pero si de por sí es adictivo CTR en el modo individual, éste no consigue llegar a las altas cotas del multijugador, y no sólo por la gran variedad de modos disponibles sino que, además, no pierde nada de la velocidad. Los que lo hayan probado en su momento saben que Crash Team Racing es el mejor remedio para esas tardes aburridas sin saber qué hacer.
Algo que también se debe de destacar es su gran duración, ya que conseguir el 100% de la aventura está sólo al alcance de los más hábiles con el Dual Shock. Para ello una de las cosas que hay que conseguir son todas las reliquias, batiendo récords aparentemente imposibles y aún así sólo conseguiremos parte de ese porcentaje. Para alcanzarlo hay que superar todos y cada uno de los retos y superar todos los tiempos. Una tarea que nos lleva horas y horas pero, eso sí, de una muy buena diversión.
Hay muy pocas alternativas al juego de Naughty Dog y todas ellas son de muy baja calidad. El más parecido es
Chocobo Racing, si bien se centra en las mascotas de la saga Final Fantasy. Otros títulos a nombrar:
Muppets Racemania,
South Park Rally o
Toy Story Racer, no son muy recomendables, claro que podrían gustar a cualquier seguidor de su particular serie.
La única conclusión a la que se puede llegar tras recordar este excelente título es que Naughty Dog no se podría haber despedido de una mejor manera de PSone. Crash Team Racing reúne lo mejor de la saga de arcade de velocidad por excelencia: Mario Kart para despuntarse como el mejor de su género en la gris de Sony. Uno de esos juegos, que no importa las edades, es indiferente si lo jugamos en PlayStation 2 o el número de jugadores que participen en sus retos. Crash, tanto de pie como subido a un Kart, sigue siendo la mejor mascota que haya tenido PlayStation.