¡Alto! ¿Por qué nombrar consejeros? Cada personaje tiene atributos, cuatro visibles (marcialidad, diplomacia, intriga y administración) y otros invisibles (fertilidad o salud, por ejemplo). Así mismo, los personajes ganan rasgos con el tiempo, rasgos de personalidad (justo, casto, vengativo...), de enfermedad (enfermo, pulmonía, esquizofrenia...), de educación (cortesana, marcial o monacal, que luego se derivan en varios tipos, unos mejores que otros), o de otro tipo (bastardo, excomulgado, hereje, parricida, o los nuevos "reino inestable" o "revuelta"). Los rasgos afectan a los atributos del personaje. Y aquí es donde entran los consejeros. Hay cinco consejeros: mariscal, administrador, espía jefe y canciller o senescal, más el obispo de la diócesis. Cada uno de los consejeros suma el rasgo del cargo al valor del atributo regio (el mariscal suma su marcialidad al rey, por ejemplo). De este modo podemos solventar las "cojeras" de los gobernantes (si tu rey es un inepto diplomático, ¿qué mejor que un gran cortesano para remediarlo?).
Oro, prestigio, piedad.
Por otro lado, tenemos los recursos. Bueno, EL recurso. Sólo hay oro. Nada de madera, piedra... oro. Éste tiene funciones principales: construir edificios, añadir títulos a tu lista (¿alguien pensó que proclamarse duque era gratis?), enviar asesinos contra algún desgraciado o sobornar a vasallos para que nos sean más fieles (el dinero hace milagros con la lealtad). El oro se consigue de las provincias. Cada provincia tiene un ingreso base, que se mejora con algunos edificios, eventos (no es lo mismo que la provincia sea próspera o esté deteriorada, estos eventos son aleatorios) o la misma capacidad administrativa del monarca. Por supuesto, cuantas más provincias controles directamente más dinero ingresarás al mes, pero no puedes controlar todas las que quieras. El gobernante puede controlar un número reducido directamente, proporcional a su nivel de intriga (y otros factores, como el siglo actual, representando la decadencia feudal). Pasarse de ese máximo no suele ser agradable (habla uno que ha sufrido varios reyes esquizofrénicos perdidos por culpa de trabajar más de la cuenta). Sin embargo, el número de vasallos es ilimitado (aunque puede dar verdaderos quebraderos de cabeza el controlar a tantísimos vasallos, por suerte el último parche ordena a los vasallos por lealtad). Otro modo de ganar oro es mediante guerras y saqueos. Pero las tropas cobran también, y mucho. A diferencia del prestigio y la piedad, el oro se hereda, como las reclamaciones territoriales.
Otro "recurso" es el prestigio. Éste no se consigue por las provincias. Se consigue con acciones (crear nuevos títulos), con rasgos, casando a tus hijas y cortesanas, por evento, etc. Un gran prestigio repercute en la lealtad de los vasallos, un prestigio ínfimo provoca lo contrario. Con prestigio "compramos" acciones: Reclamamos títulos y los usurpamos. Que tus hijos mayores de edad no tengan tierras es motivo de que el prestigio baje (si no se compensa, claro). Lo mismo para las hijas adultas sin casar. Indispensable tenerlo vigilado.
Por último, la piedad. La piedad se gana bien por evento, bien por tratar bien a la Iglesia. Construir iglesias en tus provincias da un bonus de piedad, dar grandes donativos a la Iglesia también. No ir de cruzadas penaliza. Es simple: sed un buen cristiano, mi señor.
Guerra
La guerra es de lo más simple, en teoría. Cada provincia recluta tropas sóla, tú eliges cuándo movilizarlas. Al frente de cada regimiento se pone un varón de tu corte: el rey, el mariscal y el resto que haya. De no haberlos, serán los llamados "comandantes desconocidos" los que comanden. Puedes guerrear a infieles y paganos a tu voluntad, son enemigos religiosos. Pero para batallar a los hermanos cristianos hacen falta reclamaciones. Luego, el sistema de batalla es del estilo EUII: el ejército llega a una provincia, si hay enemigos los combate, aquí en varias fases (posición, arqueros, carga, frente, flanco, sucesivamente). El que sea eliminado o huya pierde. El vencedor pasa a asediar la provincia. Concluído el asedio, si la provincia era de un infiel, pasa a manos del comandante del regimiento que asediase. Si era de un hermano cristiano, pasa a ser controlada por tu reino, y reclamable en la paz.
Con el paso de los años, la lista de reclamaciones será inmensa. Por suerte el mapa puede verse de mil modos (terreno, religioso, político, económico, con o sin escudos, castillos y tropas), siendo en uno de ellos en el que vemos sobre qué territorios poseemos reclamaciones (mostrados en naranja). También podemos ganar reclamaciones por evento.
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