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Lealtad.
Un último aspecto a destacar del juego es el factor de la lealtad hacia tí (o tuya hacia tu señor feudal). Varía en un rango de 0 a 100, pudiendo lograr independencia una vez se baja del 50%. Varios eventos juegan con la lealtad de los vasallos, y realmente pueden complicar las cosas. Las leyes del reino también afectan de gran modo a este hecho (no es lo mismo estar con "Contrato feudal", pacto entre iguales, que con "Ley popular"). También las leyes sucesorias, pues ser el suesor da muchos enteros a la lealtad. Y para los vasallos obispos y arzobispos, las leyes religiosas. Cada bloque de leyes sólo se puede cambiar una vez cada muchos años (20, más o menos), o por evento.
Pero no solo los vasallos están influidos por la lealtad, todos tus cortesanos también, aunque ese valor no esté visible, como el otro. Una baja lealtad por parte de un cortesano puede provocar su marche a otra corte. Los estratos sociales de cada provincia (campesinos, burgueses, clérigos y nobles) también poseen lealtad, y poder. El poder indica el número de ellos presentes en los regimientos. La lealtad puede dar lugar a revueltas si es baja.
Eventos.
Eventos, eventos, eventos... Muchos son los que nos encontraremos a lo largo de toda la partida. Eso sí, ninguno histórico, como en el EUII, salvo la aparición de las dos hordas mongolas o la peste bubónica (reales aunque aleatorios en el tiempo, es decir, aparecen en un margen de fechas). Son eventos de tipo personal (tras tu decisión un personaje gana o pierde uno o más rasgos), "profesional" (sobre la marcha del reino: torneos, reclamaciones...), eventos de enfermedades (agravamientos, eventos de maníaco, esquizofrénico...), etc. En algún momento podemos sentirnos agobiados por el "spam" del juego, preguntándonos sobre qué educación debe recibir un niño o similares. Por suerte, el juego se puede pausar cuando queramos para decidir agusto.
La falta de eventos históricos hace que el juego no lo sea en absoluto desde el primer minuto de juego. Y eso gusta, cada partida es un mundo, quizá te toquen unos superislamitas, como un monstruo mongol de dimensiones épicas o un Imperio Bizantino capaz de comerse toda Asia. Quién sabe.
Gráficos, sonido, jugabilidad, diversión...
Los gráficos no son nada espectacular. Veremos los sprites de los regimientos luchando, muy majos, eso sí, siendo cada sprite diferente según la cultura del regimiento. El mapa es adecuado, con muchas provincias, sirve bien a su cometido. Quizá la vista orográfica no sea la mejor de los juegos de Paradox, pero es que en este juego el terreno no influye tanto. Son por tanto unos gráficos que cumplen con su función.
El sonido quizá sea el punto más flojo del juego. La banda sonora está compuesta especialmente para el juego por Inon Zur, y será lo más destacable, pues te mete en el ambiente. Los efectos sonoros llegan a cansar, por repetitivos y cansinos, sobre todo el de asedios.
La jugabilidad es exquisita. El juego apunta muy buenas maneras tras haber sido sometido a casi un año de "betas", probado y testado por los usuarios del foro de Paradox. El resultado ha sido un juego hecho casi por los usuarios, pero sin toques de código apenas. Aún así, este 1.05 futuro se muestra esperanzador. Por tanto no puedo menos que demostrar mi gusto por un juego sencillo y adictivo como este.
Por último, la diversión es prácticamente infinita, si se toma en su justa medida. Si no te gustan los juegos de esta compañía, no lo pruebes. Si te van más los juegos complicados, este es todo lo complicado que quieras hacerlo. Puedes dedicarle una gran microgestión al tesoro y a las provincias, pero no es grande la diferencia. Sin embargo, el sistema de "traits" o rasgos permite hacer algo que apenas visto: roleplay. Consiste en actuar según la personalidad del gobernante en cuesión (si tu rey es cobarde, no declararía guerras, por ejemplo, si es excomulgado, de cruzadas nada, si está loco, comete locuras...). Le da una gran salsa al juego, y le añade una dificultad añadida. Si le sumamos las "autolimitaciones", como el buscar esposas en terriorios cercanos o el liberar reinos lejanos a nuestro título principal, tenemos un juego de una gran diversión. Pero claro, siempre va por gustos, que nadie se acerque a él esperando un CIV o un AoE.
Como conclusión, decir que CK es un juego no muy difícil, con una curva de aprendizaje nada elevada, original y con un gran potencial que lamentablemente no se ha sabido exprimir. Una pena. Al menos el juego contiene un conversor de partidas, del CK a EuII, así se puede prolongar la misma otros 400 años. Es un juego de notable, un "lo que pudo ser y no fue", muchas buenas ideas que no llegaron a buen término. Pero aún así, un gran juego.
PÁSALO >>
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