Análisis
Fiebre bacteriológica
Oscuro juego en tercera persona que busca hacerse un hueco en el catálogo de la consola. Virus, espías y discos voladores se mezclan en un juego con espíritu de serie B.
Por Juan Emilio Palomino González
| Publicado el día 22/04/2008 07:10
Otro aspecto propio de este sistema es el sensor de movimientos, que el juego utiliza para los lanzamientos del glaive. Lo malo es que se pierde precisión en su manejo, provocando que sea aconsejable usar los sticks para este menester. Además, los desarrolladores han pensado en el futuro Dual Shock 3 y han previsto que la opción de vibración este disponible en el menú para ser activada cuando el mando esté en el mercado.
El diseño del control queda supeditado al uso del glaive en el desarrollo del juego, dejando las armas de fuego como uso secundario. Serán tantas las mejoras progresivas de este artilugio que te dará vergüenza ajena utilizar el material bélico disponible, y al fin al cabo, está es la propuesta más original y más extendida de la aventura, ¿no? Las armas que dejen los soldados abatidos tendrán un temporizador que las inutiliza tras un periodo, pero podremos comprar y mejorar nuestro equipo en el mercado negro. Dicho baluarte de la venta clandestina se encuentra diseminado por los escenarios tras las tapas de alcantarilla de Lasria, y aquí podremos instalar las mejoras de armamento que se encuentran escondidas en el mapeado. Cada arma tiene un número de ranuras de mejora fijo y podremos ampliar su daño, su precisión, su cadencia o el tamaño del cargador.
Pero no todo es atacar a los engendros que crea esta epidemia; también podremos parapetarnos tras los escenarios para evitar las embestidas y ataques de la enfurecida y mutada turba. Con cada pulsación al botón de apuntar dejaremos la cobertura para emplear nuestro arsenal y al soltarlo el botón volveremos a una posición segura. No podremos disparar sin asomarnos como viene siendo habitual en los juegos que emplean este sistema de enfrentamiento.
Podremos resolver pequeños puzzles con nuestro disco volador, tanto accionando interruptores como cargando de electricidad nuestro boomerang para transmitirla a una puerta para que se active y nos deje salir. Emplearemos y conduciremos la electricidad, el fuego y el hielo para abrir caminos y encontrar mejoras en las armas.
Síntoma 3: tos seca
El juego esta doblado al castellano de forma impecable, pero el problema viene en que las líneas de diálogo son insulsas e insustanciales, carecen de ritmo y se pierden en la manida trama que termina flojeando al avanzar la aventura. De la sincronización labial ni hablamos, comprobaremos como los personajes mueven los labios sin escuchar palabra alguna y viceversa. En la versión inglesa podemos destacar a Michael Rosenbaum en el papel de Hayden, actor que podemos disfrutar en la serie Smallville haciendo el papel de Lex Luthor.
Con respecto a los efectos ambientales, cumplen muy bien, sobre todo el sonido metálico y chirriante de nuestro apéndice de ida y vuelta. Se puede echar en falta una mayor variedad que aporte empaque a los escenarios y marque las diferencias entre uno y otro. La música queda en un segundo plano durante todo el juego y esta formada por cortes rítmicos y machacones que buscan ponernos de los nervios, como ocurría en la saga Silent Hill. Los contundentes efectos sonoros de las armas de fuego terminan por apagarla completamente, aunque la partitura empleada no está del todo mal.