Todos recordaréis aquel juego de acción que Namco programó en principio para Xbox y posteriormente fue conversionado para Playstation 2 y Gamecube titulado Dead to Rights, un título de acción con no pocas similitudes con la conocida franquicia de Max Payne. Su protagonista era Jack Slate, un policía joven pero de mal caracter que, acompañado por su fiel compañero de fatigas Shadow (su perro), recorría las calles de Grant City en busca del asesino que le quitó la vida a su padre, y para ello no dudaría en hacer cualquier cosa, infringiendo la ley si era necesario. Si bien el título no llegó a ser tan puntero como en un principio tenía planeado Namco, el juego fue bastante bien recibido por parte de los jugadores, siendo incluso a día de hoy un título bastante recordado. Dead to Rights no sólo ofrecía acción y disparos, sino que también tenía pequeñas fases en forma de minijuegos como abrir cerraduras, desactivar bombas (manejando al perro Shadow para olisquearlas y encontrarlas) e incluso peleas cuerpo a cuerpo.
A decir verdad, no esperábamos nunca una secuela de aquel juego, ya que como hemos comentado, el éxito no fue tan arrollador como para que se plantease la posibilidad por parte de Namco de crear una nueva franquicia. Pero estábamos equivocados. Dead to Rights II se convirtió en realidad en Octubre de 2005. Lo primero que nos llamó la atención es que, a pesar de ser una segunda entrega (como bien reza el propio título), argumentalmente iba a ser una precuela del primer juego, es decir, una historia que aconteció antes de Dead to Rights, por lo que nos imaginábamos que ibamos a poder controlar a un Jack Slate más joven, y su personalidad sería más inmadura, más impulsivo o más chulo. Viendo el relativo buen sabor de boca que nos dejó la primera parte, esperábamos con cierta impaciencia su segunda entrega, ya que en teoría las segundas partes existen para mejorar a la primera, ofreciéndo novedades, mejoras en la jugabilidad, entre otros factores. Desgraciadamente, todas nuestras esperanzas se nos vieron truncadas cuando finalmente nos llegó Dead to Rights II hasta nosotros. Y es que estamos ante una secuela que parece haberse realizado sin ningún tipo de motivación y totalmente falto de interés por parte de Namco, dando la impresión de encontrarnos con un caso muy parecido a lo que ocurrió con Devil May Cry 2, una secuela mediocre que no tiene nada que hacer frente al original, y que fue programada única y exclusivamente para generar beneficios a partir de una franquicia apetecible. En el caso de Dead to Rights II la cosa es peor, ya que la primera parte no llegó a convertirse en un referente del género. También tiene mucho que ver que Dead to Rights II ha sido programado por Widescreen Games, un equipo de desarrollo distinto al de la primera parte (que fue programada por la propia Namco).
ARGUMENTO
SI bien en la primera parte teníamos una historia que no era para nada digna de ningún Oscar (estaba llena de tópicos del cine de acción de serie B, por no mencionar su similitud con la de Max Payne), por lo menos ofrecía cierto aliciente y ayudaba a dar algo de incentivo para ponernos a los mandos, y compartir con Jack Slate su periplo en busca del asesino de su padre. En Dead to Rights II nos encontramos con un argumento simple a más no poder. Un importante y distinguido juez del distrito, Alfred McGuffin, amigo de la familia de Jack, ha sido secuestrado en extrañas circunstancias. Debido a la amistad que tenía con Jack, éste ha sido el encargado de encontrar su paradero. Fin de la historia. A partir de aquí, se irán sucendiendo los tiroteos sin sentido, y los personajes con menos carisma que el palo de una escoba. Ni siquiera Jack Slate parece ser el mismo. Namco ha tenido la increíble capacidad de convertir a Jack en una especie de clon virtual de Dolph Lundgren, con una personalidad plana, con cara de ladrillo, y sin ningún tipo de carisma. Como en la anterior entrega, Shadow vuelve a aparecer como compañero inseparable de Jack, aunque en este caso, Shadow nos llega a caer mejor que el propio Jack. Por último, en esta segunda entrega, los personajes secundarios no-jugables brillan por su ausencia, a diferencia de la primera parte, donde habían unos cuantos. La historia no llega a sorprender en ningún momento, y en ocasiones roza lo absurdo. Resulta irónico que la propia Namco declarase que el argumento de Dead to Rights II iba a ser adulto, pero la realidad es bien distinta. Sólo porque los personajes suelten palabras malsonantes en cuatro de cada cinco frases que dicen, no quiere decir que el argumento sea adulto. Las conversaciones tienen la misma profundidad que en una película porno.
Hola. Soy Jack Slate, y estoy de muy mala leche
|
¡¡¡Shadow, ataca!!!
|
Ahora no es el mejor momento para que te acaricie
|