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Dissidia: Final Fantasy
El gran coliseo metrosexual
La saga Final Fantasy bla, bla, bla, para qué decir lo que ya todos sabemos. Son los líderes del mundo del rol japonés, una saga que cuenta con multitud de fans y otra multitud de detractores, pero que por alguna razón ha calado bien entre los usuarios, pues sus melodramáticas operetas de adolescentes con conflictos interiores son ahora casi iconos pop. Cualquiera que haya tocado alguna vez un mando de PSX es capaz de reconocer a Cloud o a Sefirot, y algunos de nosotros hasta hemos tenido la desgracia de visionar ese horrible atentado a los principios del guión cinematográfico titulado Advent Children.
Qué espanto, la saga Final Fantasy tuvo sus momentos dignos, pero desde hace unos años más que una fantasía, parece una máquina de cortar chorizos. Que si cuatro mil spin-offs de la séptima entrega, que si cuatrocientos remakes portátiles de juegos de la saga, que si minijuegos para móviles... muy pronto nos van a vender el supositorio con forma de cristal mágico y nosotros seremos tan tontos como para comprarlo.
Ante un panorama así, sólo un ingenuo hubiera esperado algo de Dissidia, otro de esos juegos que se suma a la lista de crossovers de Square, como puesto en fila para ser empujado al mismo pozo de cieno en que se revuelven Chocobo Racing y Ergheiz, dos juegos que ejemplifican por qué Square debería dedicarse al RPG y dejarse de experimentos.
Pero ah, sorpresa. Resulta que Dissidia es, de hecho, bastante decente. Hay que decirlo bajito para que no nos oigan, pero es la verdad: Dissidia es una grata sorpresa, un juego original, con personalidad, que destaca por encima de la media. Quién lo hubiera dicho, ¿no? Alguien decidió que cogería a todos los personajes de Final Fantasy, los pondría en un mismo escenario con un argumento absurdo de telón de fondo y los dejaría pegarse entre ellos. Después agarramos a un equipo cuya concepción de "jugabilidad" es navegar por menús y pulsar “X” en combates aleatorios, y como por sorpresa nos sale un buen juego.
Pero vale, empecemos con lo malo, así nos lo quitamos de encima. A ver, pues resulta que en el universo hay dos fuerzas, Cosmos y Caos, la primera es como una ninfa delicada que se ha escapado de un cuadro de Mucha y luego Caos, que es una especie de demonio cargado de esteroides y con una dentadura muy poco amable. Resulta que ambos han visto las listas de ventas de Final Fantasy y les debe parecer bien conjurar al héroe y villano de cada entrega (de la primera a la décima) y ponerlos a darse tortas en la épica batalla del... caos contra el... cosmos. No, la verdad es que no es muy interesante.
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