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En cuanto a los barriles del juego tenemos innovaciones como los que aparecen en las fases de cataratas, que caerán a baja velocidad y que nos permitirán llegar a zonas más elevadas, barriles fantasma que desaparecerán para luego volver a materializarse, barriles rotatorios en los que deberemos pulsar el botón para lanzarnos a la dirección deseada, lo que será más o menos dificultoso dependiendo de la velocidad de giro de los mismos. De nuevo deberemos mostrar nuestra maestría a la hora de enlazar los saltos y los cañonazos automáticos en los tramos donde el avance requerirá pasar de un barril al otro.
Rare, al igual que ocurriera con Donkey Kong Country 2, ha renovado la plantilla de enemigos del título, como los Bazza, barracudas que saldrán de sus agujeros en las fases submarinas, y que dañarán a Enguarde, los Bazuka, que nos lanzará barriles cada cierto tiempo, a veces para rebotar contra ellos y superar desniveles, a veces en forma de barriles TNT, que nos matarán con un simple contacto. Los Booty Bird, unos pájaros regordetes, guardará diversos tesoros, incluso letras de la palabra KONG. Karbine, los francotiradores de Mekanos, no podrán ser dañados, por lo que deberemos evitar sus disparos. Klasp y Knocka, los barriles vivientes, nos pondrán las cosas difíciles en algunos tramos con cuerdas. La imaginación de Rare a la hora de crear los nuevos Kremlings, tampoco vamos a destriparos las geniales creaciones, nos obligarán a modificar nuestras tácticas para superarlos, a la vez que evitamos las dificultades puramente plataformeras del título.
El desarrollo de los niveles será sublime, con un diseño aún más cuidado que en la segunda entrega, gran variedad de situaciones novedosas, incluso niveles únicos como el ascenso en barril cohete, que de nuevo conseguirán que tengamos que rejugarlos una y otra vez para conseguir todos los objetos a recolectar, el indicativo de las banderas en el mapa nos mostrará si nos falta algo por recoger. De esta forma la duración del título no se limita a llegar hasta el enemigo final y superarlo, ya que hasta que no obtengamos el máximo porcentaje no soltaremos el pad de Super Nintendo.
Pese a la dificultad para localizar todos los objetos, hemos notado que el juego es un pelín más fácil que su antecesor, aunque los combates contra jefes sean algo más complicados, la tarea de superar todos los niveles no nos ofrecerá ningún reto prácticamente imposible como Animal Antics de DKC 2. Aún así la duración y curva de dificultad del título garantizan una experiencia de juego suficientemente desafiante, y con un sistema de recompensas en forma de nuevas secuencias en el final, a diferencia de lo que ocurría en el primer título de la saga.
Técnicamente el juego ha sufrido un buen lavado de cara en cuanto a diseño de niveles, aunque los avances en la técnica ACM resultan menos notorios que entre las dos primeras versiones. Aún así supone uno de los techos de la consola, salvo aquellos juegos como Super Mario World 2, que incluían el chip FX2 para permitir mejores rotaciones, scalling, y diversos efectos sobre los sprites.
El trabajo realizado por Rare en la composición de los temas del juego sigue rayando a un nivel sobresaliente, aunque quizás hayan perdido el tono selvático del primer título, pero son canciones con melodías bastante pegadizas.
En definitiva, nos encontramos ante el tercer título de una saga, que vuelve a mejorar lo presente y a evolucionar tanto técnicamente, como jugablemente. De nuevo se aprecia el efecto de menor sorpresa respecto a la anterior versión, aunque ello no es óbice para que debamos reconocerlo como el mejor de los tres, y que sea junto a los dos Super Mario World la terna de mejores plataformas de la consola.
Rare se despidió de Super Nintendo con este título, ya que finalmente nunca llegó a aparecer Killer Instinct 2 para la 16 bits de Nintendo, y justo comenzaría la etapa dorada de la compañía en Nintendo 64, como curiosidad decir que aparece dicha consola en algunas pantallas del título, no os vamos a desvelar donde. Rare cerró una muy buena etapa en 16 bits, que comenzó a fraguar su leyenda, aunque lo mejor aún estaría por llegar.
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