Aunque
Infinite World incorpora minijuegos para aportar más profundidad y variedad al juego, es indudable que las batalla siguen siendo el pan de cada día de los juegos de lucha, y eso se nota. Como nos aseguró su productor durante su proceso de desarrollo, este último
Dragon Ball recoge lo mejor de todos los
Budokai, concretamente del
Shin Budokai 2 (PSP), del propio
Budokai 3 y del irregular y reciente
Burst Limit. Aunque parecía un cóctel apetecible desde un comienzo, tras explorar la versión final del juego y explotar todas sus posibilidades, las conclusiones son otras. Sí,
Infinite World actúa a modo de recopilatorio en la base jugable, pero en lugar de favorecer a los combates, les ha otorgado un carácter simple, irregular, incluso impropio del último
Dragon Ball para la bestia negra de Sony.
Con esto queremos decir que han perdido profundidad y que, al igual que en anteriores entregas, la jugabilidad de los enfrentamientos es demasiado mecanizada. Es cierto que utiliza el motor de combate Saiyan Overdrive System (sigue presente las esquivas instantáneas de
Budokai 3, así como las teleportaciones), pero parece que han dado un paso en falso y no han sabido unificar la jugabilidad de los títulos ya citados para obtener el producto definitivo basado en la licencia. No obstante, conservan la esencia de los
Budokai, con frenéticos y espectaculares combates uno contra uno que reflejan a las mil maravillas la obra de Toriyama . Sin embargo, son extremadamente sencillos e impropios del último trabajo de Dimps en PS2. Así pues nos encontramos con el

para pegar puñetazos, el

para patadas, el :equis para cubrirnos y

para disparar ráfagas de energía
ki. Combinándolos todos adecuadamente obtenemos distintos combos de varios golpes. Además, han cambiado la ubicación de algunos botones del
pad, y acciones como agarrar al rival o lanzarlo por los aires requerirán una combinación distintas con respecto a
Budokai 3.
Por otra parte, queremos comentar la ausencia del Dragon Rush (era un minijuego que consistía en adivinar el botón pulsado por el rival para llevar a cabo una espectacular secuencia seguida de un ataque devastador) y el Hipermodo, que nos dotaba de "invencibilidad" a los golpes y nos permitía ejecutar el ataque definitivo del luchador. Es cierto que esta última aparece aquí, pero algo distinta para la ocasión. De este mismo modo, comentar la inexplicable eliminación de los choques de rayos, presentes en casi todas las entregas de la franquicia, y que consiste básicamente en hacer giros rápidos de 360º para ganar. Por otro lado, se ha incluido el Aura Burst, que nos da la posibilidad de realizar un movimiento (bastante potente que atonta al rival, por lo que nos da la posibilidad de continuar con el combo) a gran velocidad aplicando algo de energía vital. Otra novedad consiste en la libertad que nos brinda el juego, lejana de los
Budokai Tenkaichi, pero superior a
Budokai 3, puesto que es posible ir en todas las direcciones desplazándonos a gran velocidad a base de acometidas.
Para otorgar más dinamismo a los combates se ha incorporado, además de la barra de salud y
ki, una nueva que, una vez rellenada a base de encajar golpes, nos deja extasiados. Es por tanto una oportunidad perfecta para trazar una buena estrategia, centrada en activar el golpe definitivo mientras nuestro rival se encuentre en este estado. Concluyendo, un sistema de control innato para el último juego de Goku que puede resultar divertido al principio para los seguidores de la serie, quienes apreciarán las novedades en este apartado. Al menos si soportan la elevada dificultad de la que hace gala el título, fruto probablemente de la nula base jugable de los personajes, así como del sistema de combate, quizás demasiado enlazado entre sí, lo que contribuye a que la máquina consiga elaborar combinaciones rapidísimas e imparables de combos de las huir es prácticamente imposible, salvo si optamos por teletransportarnosa a sus espaldas. Es, como comentamos, un juego difícil, incluso en el nivel más bajo. Pero claro, se supone que un juego de lucha ha de ser un reto.