Análisis
El hijo pródigo de Pokémon
Tras casi dos años, la primera incursión de la saga Dragon Quest en NDS llega por fin a Europa, con un planteamiento claramente basado en Pokémon pero con ciertos detalles que le hacen destacar.
Por Álvaro Cristobal Alonso
| Publicado el día 21/03/2008 03:21
Tras estos primeros pasos llegamos a la isla Domus, en la que opera la central del mismo nombre que además rige la competición y donde también podemos conocer a algunos personajes clave del argumento, como el Doctor Snap, obsesionado con las bestias del juego; Solitarie, una joven con gran importancia en el guión; e Incarnus, una especie de can parlante que nos acompaña durante nuestra aventura.
Como es de esperar, los primeros pasos son una especie de tutorial de los combates y la exploración de las islas y en total el archipiélago del juego, Viridis, está formado por ocho de ellas, que podemos ir desbloqueando a medida que avanzamos. Un mundo muy extenso en el que se agrupan las criaturas por su nivel aunque en ciertas ocasiones podemos encontrarnos enemigos de muy alto nivel a los que hay que evitar.
Hazte con todos en el universo Dragon Quest
El desarrollo del juego es el de una aventura básica basada casi exclusivamente en recorrer el escenario con una perspectiva en tercera persona (muy similar a la usada en Dragon Quest VIII), luchar con los monstruos, los cuales podemos ver por los diferentes lugares e incluso esquivarlos (un factor típico en la saga que se ha prescindido para que no sean las batallas demasiado repetitivas), reclutarlos si se da el caso, enfrentarnos con los demás entrenadores y, en última instancia y tras haber encontrado los diez cristales de Tenebrium, acceder al último nivel del torneo para acceder a los rivales más complicados.
A su vez las diferentes islas están divididas en diversas localizaciones como montañas, mazmorras o bases y en algunas de ellas podemos encontrar ciertas personas que nos solicitan cumplir algunas sencillas misiones alternativas, como conseguir determinada bestia o cierto objeto a cambio normalmente de dinero o cierto accesorio. No son demasiado variadas pero por lo menos aportan cierta diversidad al desarrollo del juego, que se puede hacer algo reiterativo.
Para explorar adecuadamente los diferentes lugares contamos con un útil mapa en la pantalla inferior, que nos indica los diferentes Puestos de Reclutamiento (donde podemos guardar), los muelles para ir de una isla a otra, y los edificios, cavernas o localizaciones especiales. Los clásicos cofres, algunos con cierta sorpresa, no son mostrados en el mapa y dicha pantalla también sirve para mostrar las barras de vitalidad y Puntos mágicos de los monstruos en las batallas, los menús y otras tantas opciones. No se usa demasiado la función táctil, y nunca el micrófono, pero en general cumple bastante bien con su cometido.
En total encontramos 210 criaturas diferentes, algunas totalmente nuevas en la saga y otras tantas que ya se han visto en anteriores entregas, tanto de la sub-saga Dragon Quest Warrior como de la principal y numerada por lo que los que hayan jugado a DQVIII podrán encontrarse con algunos conocidos. Todos los monstruos se estructuran en ocho familias (Limos, Dragones, Naturaleza, Bestias, Material, Demonios y No-muertos) y en ocho rangos de habilidad, de más débil a más fuerte, que pueden ir subiendo a medida que suben niveles consiguiendo experiencia, obtenida evidentemente al vencer a otras criaturas.
Otro método de aumentar los parámetros de cada uno de los monstruos que podemos llevar, un total de seis y hasta tres en las batallas (pudiendo tener otros tres en reserva) es equipándoles algún accesorio. Además, a la hora de conseguir nuevas criaturas lo podemos hacer mediante dos formas diferentes: ya sea mediante la opción Reclutar, en la que nuestros monstruos se concentran y se tira un dado para ver el porcentaje de la posible captura; o intimidando a la bestia salvaje con nuestros mejores monstruos.
De igual manera también hay que tener en cuenta que algunas criaturas sólo salen en determinadas horas del día (el ciclo día/noche/día está muy bien representado) o en ciertos momentos por lo que hay que volver a anteriores lugares para descubrir todos los secretos de la aventura, que no son pocos.