Una de las novedades que más nos ha gustado es la posibilidad de manejar a otros personajes libremente. Esto ya se pudo ver en la entrega anterior, pero los personajes adicionales tenían un uso limitado en combate, pudiendo utilizarlos sólo durante unos segundos concretos, cosa que ha cambiado en
Drakengard 2. Aquí el cambio de personajes va ligado a la rueda de armas, también vista en la precuela. Al pulsar

aparecerá el menú de armas para escoger una entre las que tengamos en el inventario (hasta un máximo de 10). Hay armas que sólo las pueden usar un personaje concreto, así que si llevamos a Nowe manejando su espada y cambiamos el arma a un bastón, el control del personaje cambiará a Manah, manejándola durante toda la misión si así lo deseamos, lo que le da cierta variedad, ya que todos los personajes poseen sus propias armas, habilidades y características, por ejemplo Nowe es un maestro manejando la espada, mientras que Urick es más versátil con las guadañas o hachas, etc.. Aunque al principio sólo podemos manejar a Nowe, se nos unirán tres personajes más a nuestra causa (Manah, Urick y Eris). Lo malo que conlleva esto esque sólo Nowe puede llamar al dragón Legna, por lo que si estamos manejando a otro personaje, no podemos usar el dragón. Todos los personajes irán subiendo de experiencia y mejorando sus atributos, aunque claro, sólo lo harán aquellos personajes que hayan estado luchando en batalla, y los que hayan estado en la reserva se quedarán sin puntos de experiencia. En el mapa del mundo podemos ir a las distintas etapas del juego, divididas por capítulos. En este mapa también podemos acceder a las misiones libres, que consisten en realizar combates fuera de la trama base del juego para conseguir dinero, experiencia, e incluso armas ocultas.
Desgraciadamente, todo esto queda ensombrecido por lo monótono y aburrido que puede llegar a resultar el juego. Todas las fases consisten en lo mismo: machacar el botón de ataque compulsivamente, sin usar apenas el movimiento de evasión. Es un fallo bastante importante que ya arrastraba el primer
Drakengard y que no ha sido corregido en esta secuela. La exploración de los escenarios carece practicamente de sentido, ya que no encontramos elementos interactivos o misiones secundarias. Sólo podemos explorar concienzudamente el terreno para eliminar enemigos del montón para, con suerte, que aparezca algún cofre con algún jugoso contenido como alguna arma oculta, o una cantidad de dinero decente. Y luego está la absurda I.A. de los enemigos, que hablando claro, parecen tontos. Los redactores de
Viciojuegos no parábamos de reir cuando los enemigos lejanos nos disparaban flechas, y éstas les daban a los enemigos que teníamos justo delante de nuestras narices. O cuando una tropa de enemigos nos vieron al otro lado de un abismo; no se les ocurrió otra cosa que venir corriendo hacia nosotros como locos, cayendo al vacío cuando llegaron al borde (y encima consiguiendo puntos de experiencia por sus muertes).La dificultad del juego supone otro problema, ya que es bastante inestable. Aunque podemos escoger entre dos niveles de dificultad iniciales (Standard y Challenge), la diferencia es mínima, y más de una vez el juego nos sacará de quicio al estar unos 30 minutos en una misión, descuidarnos un poco y conseguir que nos maten, obligándonos a comenzar la misión desde el principio, con lo que la sensación de haber estado perdiendo el tiempo es inevitable. También la cosa empeora bastante al comprobar como Ubi Soft (la compañía que ha distribuido el juego en Europa) nos ha traído el juego en completo inglés, tanto voces como textos, cuando la primera parte estaba traducida (que no doblada) en castellano. Nos parece un detalle de muy mal gusto, ya que la traducción del primer juego nos parece de las mejores que hemos visto. Sólo los que dominen de forma considerable el idioma alglosajón, lograrán entender la trama del juego al completo. Trama que, por otro lado, se nos antoja inferior a la de la precuela, que era mucho más oscura y trataba temas muy serios como la muerte, o de amores "geneticamente" imposibles (los que hayan terminado la primera parte sabrán a que nos estamos refiriendo).
CONCLUSIÓN
Drakengard 2 es un juego que ofrece lo mismo que ya vimos en su precuela, con alguna que otra novedad, un apartado gráfico algo más depurado (no mucho, pero bueno) y más personajes con los que jugar. Pero sigue adoleciendo de un desarrollo monótono y repetitivo que no gustará a todo el mundo. En Playstation 2 hay muchos más juegos de este estilo mas estratégicos y con más posibilidades (la saga
Dynasty Warriors sin ir más lejos), así que sólo se nos ocurre recomendar este
Drakengard 2 a todos aquellos que terminaron el primero, quedaron satisfechos, y quieren más aventuras basadas en este universo. Eso si, que sepan que deben dominar notablemente el inglés, el francés o el alemán, ya que son los únicos idiomas disponibles para los subtítulos que posee esta entrega.
Por Kike López (Hayato)