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Driver: Parallel Lines

Wii



Análisis

Recorriendo el pasado

Driver: Parallel Lines se estrena en Wii presentando un control aceptable pero incurriendo en los mismos defectos que tuvo hace ya más de un año.

Por Borja Pavón Peláez | Publicado el día 08/07/2007 19:07

El nunchaku ejerce la función de freno de mano cuando estamos al volante de un vehículo, de modo que si tiramos de él hacia nosotros el coche frena bruscamente, algo que no deja de ser un añadido atractivo al conjunto de la jugabilidad. Inclinándolo hacia derecha o izquierda mientras conducimos el coche frena y modifica su dirección hacia uno u otro lado, función que nos obliga a disponer del nunchaku siempre lo más recto posible para evitar que se nos desvíe la dirección sin que nosotros lo queramos. De hecho disponemos de total control sobre el vehículo simplemente con una mano.

Con el botón Z del nunchaku aceleramos, el C nos permite frenar y dar marcha atrás, y con el joystick decidimos la dirección del vehículo de manera que lo controlamos rápida y eficientemtene dado que es intuitivo e innovador, aunque quizá lo mejor sea cómo se nos presenta ahora, con las posibilidades del Wiimote, la acción de disparar al volante, más atractiva y divertida que nunca. De hecho hubiese sido un sonado fracaso que un juego con un contenido muy significativo de quilómetros al volante presentase un control tosco y poco atractivo cuando estamos a los mandos de éste. Los daños que sufren los vehículos en los impactos son correctos y realistas, con una activación automática de ralentización cuando el impacto es sustancial lo que añade espectacularidad pero también frustración cuando esto ocurre en el momento que, por ejemplo, estamos persiguiendo al objetivo.

No podemos decir lo mismo del control del personaje a pie. Lo cierto es que cuando TK camina por las calles de Nueva York y dejando de lado su modelado (el cual deja bastante que desear) su aspecto es totalmente distante al de los demás peatones y sus animaciones hacen cuestionarse a uno si ciertamente la integridad y seriedad del protagonista han querido tenerse en cuenta. La cámara se controla con el puntero del Wiimote, de modo que si queremos ver lo que hay a nuestra derecha, deberemos apuntar hacia el extremo derecho de la pantalla y esperar a que el movimiento de cámara nos permita ver qué hay en esa dirección. El control de cámara se vuelve suicida cuando nos encontramos en medio de un tiroteo.

El hecho de intentar buscar por todo el escenario quién diablos nos está acribillando a balazos en ese instante moviendo el Wiimote de punta a punta, y ver a una cámara parsimoniosa que se toma su función con bastante calma mientras nuestro hombre va desangrándose no deja de ser algo irritante, aunque bien es verdad que la dificultad de este Driver es lo suficientemente ajustada como para que este error no influya de forma más grave en el conjunto final de la jugabilidad, y cuando logramos encontrar al objetivo, apuntarle y acabar con él es coser y cantar.

El trabajo de Ubisoft Barcelona en el traslado de los controles está en general llevado a cabo de forma aceptable y es sin duda este apartado el que evita que la puntuación del juego decaiga estrepitosamente. Pero no es únicamente este aspecto el que ha sufrido modificaciones en su traslado a Wii. De hecho y anuque a primera vista sea difícil distinguirlo, el apartado gráfico ha sido ligeramente retocado con unos efectos de luz, de reflejos en las carrocerías y explosiones mejorados pero que al fin y al cabo no dejan de ser anecdóticos y mucho menos aclamados actualmente de lo que hubiesen sido en 2006.

En general, el apartado técnico de este Driver es pobre. La ciudad emana una curiosa artificialidad donde los callejones son los protagonistas, callejones con todo tipo de objetos sin el más mínimo sentido y con el único objetivo de que los crucemos con el coche destrozando todo lo dispuesto a nuestro paso. Cierto es que resulta divertido cruzarlos con el vehículo a gran velocidad, pero no deja de ser curioso que sea en los callejones apartados, estrechos y oscuros donde encontramos más y más elementos en pantalla para destrozar.

El garaje se convertirá, a medida que avanza el juego, en nuestro mejor aliado

Conducir es divertido y el número de coches en pantalla cambia según sea de día o de noche

El control de la cámara con el mando de Wii es frustrante en ocasiones
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