Análisis
Arroz 6 delicias
Después de los mechas de Gundam, le toca el turno a las batallas campales chinas. Nueva versión que promete aprovechar las características de la alta definición.
Por Juan Emilio Palomino González
| Publicado el día 09/03/2008 14:11
Gráficamente hablando…
La verdad es que desde el principio, tenemos una fuerte sensación de tratarse de gráficos reutilizados de anteriores versiones. En alta definición y rozando los 60 frames por segundo, pero reutilizados. Si a esto sumamos que el estilo y diseño de la saga es el mismo desde su nacimiento, esta reiteración de material queda potenciada hasta el píxel más mísero de cada textura. Vamos, que me he tenido que rejugar las versiones de Ps2 para recordar el salto cualitativo que hay en esta entrega.
Técnicamente es justito, porque contemplar cómo se te acercan centenares de enemigos enrabietados (deseando pararse cerca tuya para comprobar cómo les golpeas, a veces, casi de uno en uno) y verte rodeado por toda una marabunta de soldaditos clónicos es algo efectivo para la vista, pero no para tu subconsciente… ¿Cuántas veces puedes acabar con el mismo enemigo (o su hermano gemelo) antes de que te invada la desidia? Pues ahí entra el contador de KOs, para que no te pierdas y puedas vanagloriarte de tus gestas. Lo mejor son las escenas de video y algunas animaciones faciales en las charlas de los personajes.
El diseño artístico destaca en los personajes principales, donde el diseño de armaduras y trajes de época adquieren un cariz recargado y barroco (poco útil en una contienda real) pero que funcionan para recordar la edad de leyenda que el juego quiere representar. En cuanto a las animaciones, flojitas. Los protagonistas enlazan combos como si fueran bailarinas de una coreografía, mientras que los enemigos se mantienen impasibles, y cuando se mueven, lo hacen con un único movimiento de ataque para cortarte el combo. La animación equina no es nada brillante tampoco, parecen troncos de madera al que les han colocado 4 patas. Nada que ver con los gráciles movimientos de caballos ilustre como los que usa Altair o la de Agro en Shadow of the Colossus.
Los escenarios representan castillos, llanuras y montañas con una simpleza ejemplar (los programadores debían pensar que para qué poner elementos decorativos cuando podemos poner más soldados), alegrados en ocasiones con efectos meteorológicos variables que pueden ofrecer una cierta variedad a los entornos. Nada nuevo.
Esto me suena...
Para colmo, no tenemos las voces en japonés, lo cual ayudaría mucho más a meterse dentro de la experiencia audiovisual. Pero somos agraciados con un pobre doblaje en inglés en la que la interpretación brilla por su ausencia. Estas dramáticas conversaciones entre los generales podremos seguirlas perfectamente mediante subtítulos, ya que el juego ha sido localizado al castellano de forma impecable.
Y de la música mejor no hablar. Será que asocio las grandes batallas a la épica, al resonar de tambores al son de ejércitos caminando en pos de la batalla… y no a melodías machaconas, ya no es que no sean de calidad, que no lo son, es que no encajan con el espíritu del juego.