
|
El Padrino II
Ni siquiera me llames padrino
El subgénero sandbox se está convirtiendo en uno de los más aclamados dentro del mundo de los videojuegos. Sólo hay que ver los títulos que van a llegar (y han llegado) durante los últimos años haciendo gala de esta característica: Just Cause 2, Mafia II, Gran Thef Auto 4, Saint’s Row 2, Prototype o el que actualmente nos ocupa. Como habréis podido deducir, a partir de los distintos artículos de VicioJuegos.com o gracias a vuestra propia experiencia, los juegos basados en la obra de Francis Ford Coppola no son algo nuevo, ya en 2006 salía a la venta El padrino, y ahora, dos años después nos llega su secuela, El padrino II, basado en su película homónima.
Si habéis jugado a la primera entrega, olvidad todo lo que podáis vuestra experiencia de juego con ella, porque EA Redwood Shores (ahora Visceral Games) y Paramount Digital Entertainment nos ofrecen algo bastante diferente. Obviamente, sigue habiendo características y puntos en común, aunque están muy presentes las muy anunciadas acciones estratégicas propias de un Don de nuestra categoría.
El argumento nos traslada, inicialmente, a la Ciudad de Cuba, donde está a punto de celebrarse el cumpleaños de Hyman Roth. En el marco de la celebración, tanto el anfitrión como Michael Corleone comparten una conversación que gira en torno al porcentaje de control de ambos sobre los casinos. No obstante, todo se ve enturbiado por una revuelta de la que tenemos que alejarnos en la medida de lo posible, dando paso así a una especie de tutorial en el que a la vez que nos hacemos con los controles, vamos avanzando hacia nuestro camino de regreso a Nueva York.
Una vez que todo está solucionado, Michael Corleone nos otorga el título de capo de la Familia en Nueva York. Bajo el nombre de Dominique tenemos muchísimo más poder del que llegamos a tener, a pesar de haber completado la aventura al 100%, en El padrino. Lo que sí es un punto en común entre ambas obras es el editor, al que podemos acceder en los instantes posteriores a nuestra llegada a NY, y que nos ofrece personalizar numerosos aspectos: el color del cabello, el peinado, la forma de la cabeza, el tono de piel, la delgadez o anchura de nuestro cuerpo, el color de ojos, las dimensiones de la nariz, etcétera. Echamos en falta la posibilidad de añadir cicatrices a nuestro rostro, pero a pesar de todo, estamos ante una opción bastante completa.
Y sí, durante el transcurso de la aventura podemos volver a modificar a nuestro personaje y cambiar la vestimenta. Esto último sí que lo podemos hacer en más de una ocasión, y no sólo porque al principio tengamos a nuestra disposición tres trapos y medio como aquél que dice. La razón es otra: podremos ir aumentando nuestro armario.
Una vez que ya hemos hecho esto nos ponemos manos a la obra hasta conseguir eliminar al resto de familias. Como ya dice Roberto Saviano en su libro sobre la Gomorra (como ya indica el título de la obra), la mafia es algo complicado, y en El padrino II no es menos. Nos medimos con un total de cinco familias diferentes: Rosato, Granado, Mangano, Almeida... Éstas tienen esparcidos sus negocios por Nueva York, Florida y Cuba, lugares que tenemos que recorrer. Así pues, para intentar conseguir nuestro objetivo tenemos que aceptar misiones de personajes tan conocidos como Michael o Frank Pentangelli.
Para conseguir estos objetivos, que no son precisamente accesibles, tenemos que empezar a gestionarlo todo: nuestros hombres, ingresos y gastos, gente protegiendo nuestros tinglados, etc. Pulsando el botón "Start" accedemos a un mapa en el que podemos mover los hilos correspondientes, mirar las calles de las ciudades de cara a nuestra orientación, junta a otras muchas acciones que ya iremos detallando a lo largo del análisis.
Por el momento, centrémonos en lo importante, nuestro equipo. Una de las primeras cosas que nos enseñan a hacer es la de fichar a hombres para que nos acompañen en nuestras labores, digamos delictivas. Hay personajes con habilidades para intimidar a los comerciantes, expertos en forzar cajas fuertes y poner bombas y médicos.
|

|