Análisis
Ni siquiera me llames padrino
EA nos trae de nuevo la adaptación a los videojuegos de El padrino, esta vez haciendo gala del título de secuela. Todos los detalles sobre la unión de estrategia y acción en el análisis.
Por Pablo Ojeda Pérez
| Publicado el día 16/09/2009 01:54
Es primordial contar con, al menos, con un miembro entre nosotros que maneje estas habilidades, ya que sin la presencia de un equilibrio, nuestros enemigos nos pueden poner sobre las cuerdas con casi total seguridad. Por ejemplo, si en nuestra plantilla contamos con un soldado que tenga buenos parámetros en la detención por parte de la policía, tenemos que esperar menos horas para poder a volver a contar con él. Siempre nos queda la opción del soborno, eso sí.
Como ayuda antes de elegir a nuestro hombre ideal se nos ofrece ver una ficha en la que veremos su aspecto físico, su personalidad, su habilidad en las peleas y demás. Sin embargo, en El padrino II podemos mejorar distintos aspectos, tales como la resistencia, los puntos de vida o el tiempo de curación. Obviamente, bajo previo pago. Las cantidades que hay que abonar oscilan entre los 500 dólares (la mejora del punto más barato) y los 10 000.
Asimismo, podemos conseguir que nuestros chicos aprendan también nuevas habilidades, promocionándolos dentro del esquema de la mafia. Una vez que ya hemos conseguido formar un equipo más o menos convincente, incluso podemos tener en consideración la opción de dividirnos, es decir, enviar por ejemplo a dos de nuestros hombres a hacerse con un tinglado, o mandar a alguno que vigile uno de nuestros negocios. Lo bueno de esta última opción, es que en el instante en que el tinglado que hayamos seleccionado esté siendo atacado por alguna de las otras familias, nos llega un mensaje. Contando así con un valioso tiempo para preparar una estrategia ganadora.
El primer negocio con el que empezamos a comprender este punto imprescindible es un local de bailarinas algo subidito de tono. Pero como nosotros acudimos por motivos de trabajo, tenemos que centrarnos en el dueño del negocio. Como en la primera parte, es bastante importante conocer su punto débil, que puede ser desde el maltrato a sus clientes, el destrozo del local, hasta los clásicos puñetazos. Una vez que su secreto haya salido a la luz, no tenemos más que encargarnos de que lo recuerde, aunque sin pasarnos. Cuanto más nos arriesgamos en nuestros movimientos, más dinero podemos ganar, pero una vez muertos tenemos que esperar hasta que el negocio vuelva a ponerse en marcha. Al tardar algún tiempo, no es conviene de cara a nuestros ingresos que esto ocurra.
En este aspecto es en el que, cómo comentábamos antes, se nota más la estrategia incluida en El padrino II. Si conseguimos hacernos con todos los negocios que realicen las mismas actividades en una zona, desbloqueamos habilidades especiales que son algo más que interesantes. Sin ir más lejos, si no nos despreocupamos de los Grupos Criminales (nombre que recibe este tipo de cadenas entre negocios) podemos llegar a contar incluso con coches blindados, chalecos antibalas o puños americanos.
Ya entrando en el combate cuerpo a cuerpo, huelga decir a los lectores que ya jugasen a la primera parte que no encontraran ninguna novedad. O mejor dicho, es idéntico a lo que ya nos presento EA hace algo menos de tres años. Cada uno de los gatillos representa uno de nuestros puños, mientras que si pulsamos los dos a la vez podemos agarrar nuestro rival o los objetos que hay por el escenario. En definitiva, este descafeinado modo de enfrentarnos a nuestros enemigos es mejor dejarlo exclusivamente para cuando vayamos a extorsionar, ya que para el resto de momentos contamos con opciones mucho más notables.
Además del combate cuerpo a cuerpo, también tenemos otras dos opciones a nuestro alcance: la tortura y el uso de las armas de fuego. Comencemos comentado la primera, que también ya es de sobre conocida por todos los jugadores que hayan jugado a la primera entrega y por los que hayan leído/visto sobre las técnicas de "intimidación" de la mafia. Podemos desde: apretarle el cuello poco a poco, ponerle una plancha en la cara, amenazarlo con tirarlo al vacío, e incluso, si tenemos la opción (todo depende del arma que llevemos equipada) podemos pegarle un tiro en la cabeza a bocajarro. Técnicas que quizás son algo cruentas, pero a la vez fieles a lo que la mafia hace en el mundo real y al universo de El padrino.