Análisis
Ni siquiera me llames padrino
EA nos trae de nuevo la adaptación a los videojuegos de El padrino, esta vez haciendo gala del título de secuela. Todos los detalles sobre la unión de estrategia y acción en el análisis.
Por Pablo Ojeda Pérez
| Publicado el día 16/09/2009 01:54
El arsenal de armas con el que contamos es de lo más variado. A pesar de todo, lo que más destaca es la respuesta de nuestras acciones. Las recargas son bastante rápidas, sin embargo, el cambio de arma es quizás algo lento. El sistema de apuntado, por su parte, nos ofrece dos modalidades: una libre; con la que movemos el cursor sobre la pantalla gastando así menos balas, mientras que la otra es la automática. Ideal para los primeros compases de la aventura, por ejemplo. Una vez que por nuestra labor en cuanto a extorsión de comerciantes, muerte de miembros de otras familias y demás esté finalizada, podemos terminar con una familia de una vez por todas. Para poder acertar el golpe de gracia tenemos que realizar muchos tipos de misiones, entre las más cotizadas hemos encontrado las de matar a un rival de una manera determinada.
Conseguirlo no es tarea fácil. Tenemos que hacerles recados a distintas personas para así indagar en aspectos de su vida que nos pueden servir de cara a un ataque. Nos informan de dónde se encuentra su guarida, el tipo de muerte que debemos emplear, qué lugares suele frecuentar, personas de confianza, entre otros. Si por mala pata, no nos sale bien la jugada, el personaje huye de la ciudad, pero no para siempre, acaba volviendo. Y con más hombres que lo defiendan.
El padrino II nos propone sólo un reto apto para cardiacos, ya que trata de un título bastante facilón, al que puede acceder cualquier persona. Quizás ahora es algo más complejo por el sistema de conversación; cuando hablamos con una persona, podemos elegir cambiar el curso del juego dando cuatro respuestas usando la cruceta. El deficiente control sobre los vehículos por culpa de las físicas y la penosa IA de los personajes, que no se percatan de nuestra presencia hasta pasado un buen rato, cambian la experiencia de juego y la dificultad. A peor, obviamente.
La campaña individual nos ofrece entre unas 10 y 12 horas de duración, aunque podemos incrementarlas jugando en línea. En principio contamos con las clásicas modalidades "detmach", así como otras en las que hasta 16 jugadores tenemos que defender nuestras zonas, e intentar a hacer daño a las del rival con acciones como reventar cajas fuertes. El plato fuerte de EA lo tenemos disponible como descarga gratuita en el Bazar Xbox Live. Se trata del modo Don, que emplaza a dos jugadores a demostrar quién es capaz de llegar a conquistar una ciudad. Con los recursos de un mandamás, el espectáculo está más que servido.
Otra de las ventajas de jugar también al multijugador en línea es que podemos usar el dinero que hayamos conseguido en el modo campaña en nuestras partidas online, con la ventaja (o el inconveniente, depende de cómo lo miremos) de que si salimos victoriosos lo aumentamos y si perdemos lo vemos reducido. De la misma manera, nuestros allegados que suban de nivel, también pueden ser importados a nuestra campaña offine.
Dejando ya todos los aspectos jugables, centrémonos en el apartado técnico, una de las características que enturbia el resultado final de la adaptación a los videojuegos de las obras de Coppola. Algo poco habitual en EA, por otra parte.
A simple vista, nos encontramos con un "copia y pega" mejorado de lo presentado en la primera entrega en Xbox 360. Las animaciones faciales de los personajes principales son bastante mejorables porque se presentan bastante rígidas, y más de lo mismo sus acciones sobre el terreno. A decir verdad, en algo tan simple como correr se nota perfectamente como no apoya del todo los pies.
Los escenarios también se muestran bastante alejados de lo que en esta generación estamos viendo en juegos del género, sin ir más lejos entremos en una comparación con GTA IV. El juego de Rockstar nos presenta unas calles llenas de vida, mientras que en El padrino II vemos poco tráfico y personajes bastante pobres y escasos. La misma tónica se emplea en los interiores. A decir verdad, nos vemos en la obligación de destacar los efectos de luces y las texturas, que en ciertos momentos de la aventura sí que se alejan del mediocre conjunto.