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El Señor de los Anillos: La Conquista
Una buena forma de acabar con la Tierra Media
Si la trilogía engendrada por J.R.R. Tolkien ya tenía una ingente legión de seguidores, la adaptación del mundo de El señor de los anillos al cine por parte de Peter Jackson hizo que el número de fans de la Tierra Media se multiplicara. Desde ese momento se empezó a explotar la franquicia desde todos los flancos posibles, y el de los videojuegos no iba a ser menos. Y es que aunque ya hubo entregas para las difuntas Atari o SNES el verdadero aluvión de juegos basados en el viaje de Frodo Bolsón y compañía vino con la generación pasada, en la que se pueden contar más de tres títulos diferentes de dicha franquicia.
En esta nueva generación las cosas parecían estar tranquilas ya que después de ESDLA: La batalla por la tierra media II todo parecía indicar que la compañía que tiene los derechos, Electronic Arts, no pensaba volver a usar la jugosa licencia. Pero tras la adquisición de Pandemic Studios, la gigante norteamericana pensó que podría darle un último uso a la franquicia antes de que se los derechos de la serie volaran de sus manos. De esta manera, Pandemic ha engendrado un hack & slash con pequeños toques de estrategia cuyo punto fuerte es el gran contexto en el que se desarrolla ya que tanto gráfica como jugablemente no alcanza las cotas esperadas.
El destino de la Tierra Media vuelve a ponerse en nuestras manos a través de dos vertientes bien diferenciadas, la del modo "Historia" offline y la de las batallas online. Y a pesar de que La Conquista está enfocado principalmente a los enfrentamientos multijugador, la campaña individual también está trabajada y nos hará pasar buenos momentos frente al monitor gracias a la gran ambientación y al hecho de que se han elegido las batallas más espectaculares de la trilogía como carta de presentación.
El abismo de Helm, la batalla en Isengard o la abrupta llanura de Mordor son sólo tres de los ocho lugares que visitaremos como líder de cualquiera de los dos bandos; aunque en primer lugar tenemos que tomar el papel de los buenos para poder desbloquear la campaña del Mal. Mucho más interesante esta última ya que los hechos de los que tomaremos parte una línea argumental ficticia en la que las hordas de Sauron consiguen acabar con la destrucción del anillo.
Así, a través de una perspectiva en tercera persona seremos testigos de los enormes enfrentamientos que tienen lugar a través de estos ocho niveles. En estos enfrentamientos seremos un miembro más del batallón hasta ciertos momentos cruciales en los que tomaremos parte de la historia para pasar a encarnar a ciertos personajes de renombre como Isildur o Legolas; momento en el que, por norma general, tras acabar con el enemigo principal superaremos el nivel. Sin embargo, antes de llegar a esto iremos alternando entre las cuatro clases de soldado que ofrece el juego y por las que podremos rotar según las circunstancias lo requieran a través de los diferentes puntos de control prefijados en los escenarios. Así podemos decidir entre ser un guerrero, mortal en las distancias cortas, un arquero, ideal para acabar con los enemigos a larga distancia pero muy vulnerable en los enfrentamientos cercanos, un equilibrado mago, que será eficiente tanto a larga como a corta distancia, o un espía con el que podremos pasar desapercibidos en el fragor de la batalla para alcanzar sigilosamente a nuestras presas y acabar con ellas en dos rápidos mandobles.
Pero este planteamiento que tanto juego podría haber dado se ve empañado por un sistema jugable demasiado plano y falto de opciones que acaba convirtiéndolo en un simple machacabotones. En la campaña individual poco importará qué clase de personaje tengamos en nuestras manos pues finalmente el desarrollo se reduce a ir avanzando y limpiando de enemigos las diferentes zonas. Cuanto tengamos que cambiar de clase ya se encargará el juego de indicárnoslo pues es evidente que si hay decenas de enemigos apostados en lo alto de un precipicio necesitamos de los servicios de un buen arquero. En lo restante dará lo mismo escoger a un guerrero que a un mago o a un explorador, y en muchas ocasiones será complicarnos la vida el elegir una clase diferente a la del guerrero, la más efectiva y sencilla de comandar con diferencia.
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