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Escape From Paradise City

PC



Análisis

¿Ciudad Paraíso?

Los daneses Siruis Games nos traen este Escape From Paradise City, una interesante mezcla de géneros que no logra destacar especialmente en nada.

Por Borja Pavón Peláez | Publicado el día 01/02/2008 14:04

En el mundo de los videojuegos hay varias formas de trasladar una idea ya conocida de un modo innovador, diferente, y a veces esa idea necesita de la mezcla de géneros para que llegue a buen puerto. En el caso de Escape From Paradise City esa mezcla existe, pero existe de una forma tan ambiciosa que acaba dañando su propia definición. Al menos eso es lo que pasa cuando se intenta empaquetar en un juego lo máximo posible: generalmente aparecen carencias en todos los sentidos. Quien mucho abarca poco aprieta sería una frase ideal, tanto para resumir el pretendido significado de este párrafo como para definir el principal aspecto de Escape From Paradise City, el juego que nos traen los daneses Sirius Games.

Welcome to the Jungle

Bebiendo de muchos aspectos de su anterior trabajo Gangland (la ciudad es la misma), el aspecto caótico del juego es lo que más llama la atención en un inicio. Desde el diseño de la carátula hasta los movimientos de los personajes, todo destila un desorden supuestamente pretendido que ya vislumbra la desarmonía y las batallas que nos aguardan por las calles de Paradise. Su estilo puede definirse como una ciudad abierta, al estilo GTA, y una mezcla de RTS y RPG. Con una vista en tercera persona, el juego se distancia bastante de otras mezclas anteriores de los mismos géneros ofreciendo un contexto de criminalidad actual que tan de moda y tan buenos resultados parece dar últimamente.

El juego nos pone en la piel de tres delincuentes, a cual más indeseable y cada uno con sus habilidades. Estos elementos son fichados por una agencia secreta del gobierno con el fin de encontrar y eliminar desde dentro y con sus mismos métodos los pesos pesados de la corrupción y la violencia del lugar, que hacen del nombre de la ciudad, Paradise, una paradoja de muy mal gusto. Controlados siempre individualmente esas comentadas habilidades de cada uno pueden potenciarse de diferentes modos y según el jugador crea más propicio. A través de nuevas habilidades que estos irán adquiriendo, a través de la eliminación de los máximos objetivos posibles o utilizando sus puntos de experiencia.

Mediante los dieciséis capítulos que nos ofrece el juego, debemos apoderarnos de cada distrito de la ciudad, y esa es su premisa principal. Los objetivos de las "diferentes" asignaciones no es que representen el colmo de la variedad: conseguir un territorio atacando o conseguir un territorio con más enemigos atacando. Conquistar las diferentes áreas aporta beneficios al jugador dependiendo de si hay tiendas cerca (que proporcionan dinero), locales de armas, etc. Aun así Paradise City consigue que el jugador se plantee bien cuándo llevar a cabo sus acciones y dónde, debido a la diferencia (aunque pequeña) de cada barrio, lo que acentúa la estrategia del título.

Nuestro objetivo es llegar al líder de cada uno que, como todo mandatario corrupto y megalómano, se esconde detrás de todos sus subordinados los cuales, con fe ciega, se lanzan contra ti a una muerte segura para permitir que el reino de corrupción y violencia de su jefe alcance su glorioso objetivo: más muertes y más dinero para conseguir más esbirros y por ende más muertes y más dinero a su vez. Un círculo vicioso. Y al principio, aunque algo confuso, la cosa pinta bien.

La trama es ya algo trillada y no hay nada que destaque especialmente, pero poder experimentar esa mezcla y hacerlo en un contexto de mafias y bandas callejeras llama la atención. Al menos la primera partida, hasta que caemos en la cuenta de que nuestra rutina pasa por elegir un tipo de ataque de uno de los menús, señalar a un enemigo con el botón derecho del ratón y esperar a que entren en combate. Ya está. Disponemos del combate cuerpo a cuerpo, armas blancas y de fuego, pero la sensación de hacer algo mecanizado y abrumadoramente repetitivo está presente constantemente y en determinadas ocasiones en el juego, y sin que sirva de precedente, el jugador puede sentirse algo inútil, en el sentido literal de la palabra.

Los tres personajes que podemos controlar son de lo más variopinto

Gráficos normalillos, pero en general el juego es agradable de ver

Esto es una guerra, leñe. ¡A bocajarro!

Los edificios y la ciudad en general es grande. Demasiado grande.
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