Análisis
El carromato del presdigitador
Un gran poder implica una gran responsabilidad, una vez más.
Por Juan Emilio Palomino González
| Publicado el día 09/10/2012 10:12
La gran apuesta de Microsoft para Kinect durante estas navidades es Fable: The Journey. No será la única porque Dance Central 3 llegará en breve con todo el buen hacer de Harmonix en lo que se refiere a juegos musicales, pero hoy toca hablar del juego de Lionhead Studios. Vamos dejarlo claro de entrada, esto no es Fable 4. Ni lo pretende ser. Se trata de un spin off, de un escisión de la serie principal que solamente pretende aprovechar la ambientación de ese mundo de fantasía para ofrecer divertidas mecánicas de juego desarrolladas para el conocido periférico. Gary Carr, director de desarrollo de Lionhead Studios, nos contó en su paso por Madrid que la serie principal mantendría el control clásico de botones, pero querían aprovechar algunos de los descubrimientos que hicieron con Milo & Kate (esa aplicación que nunca vió la luz y que nos sorprendió en la puesta de largo de Kinect) y desarrollar un juego en el que la coordinación con las manos fuese realmente importante. Como veremos en este análisis, han cumplido con el objetivo que se habían impuesto.
El forzado camino del héroe
Nuestro protagonista se llama Gabriel y es lo más parecido a lo que los señores de Intereconomía definirían como un perro-flauta. Sólo que en esta ocasión, en vez de un chucho lo que tiene es una yegüa que responde al nombre de Seren y que tira de su destartalado carromato. Una tormentosa noche queda separado de su tribu y debe dar un enome rodeo para volver a encontrarse con ellos. Cuando se dispone a emprender este nuevo camino se encuentra con Theresa, una vidente ciega que huye de una oscuridad que lo engulle todo lo que encuentra a su paso. En la fuga, Seren resulta infectada y la única solución posible para sanarla es entrar en una cripta y conseguir un ancestro poder que permite tanto sanar como dañar. Sobra decir que será nuestro protagonista el que porte tan singular don (en forma de guanteletes) y que el destino no solamente le brindará la oportunidad de curar a su jamelga, también tendrá que salvar a todo Albión de un peligroso mal.
La primera gran noticia que recibimos es que podemos jugar sentados. Es más, está pensado para ello. Sólo tendremos que mover los brazos y mover el cuerpo ligeramente a la izquierda o a la derecha en ciertos momentos. Eso no quiere decir que no nos cansemos, cuando describamos el sistema de lucha quedará claro que vamos a acabar con unos brazos como lanzadores de jabalinas. La historia se seguirá por multitud de conversaciones y videos en los que veremos a los protagonistas, pero cada vez que interactuemos lo haremos en primera persona. De hecho, el título se puede dividir en tres grandes bloques, cada uno con su definida experiencia de juego. Claro que hay variantes, alternancias y alguna que otra novedad, pero esos tres pilares marcan la pauta.
La primera de ellas será el carromato. Los primeros compases servirán para conocer a los protagonistas y para conocer los entresijos de las riendas que le marcan a Seren la dirección y la velocidad. Desde lo alto del pescante marcaremos si queremos ir al trote, al galope o esprintar durante unos instantes (hasta que nuestra yegüa recobre el resuello), mientras que esquivamos los obstáculos, reducimos velocidad en función del terreno (ir a toda mecha por un camino de piedrás podría dañar a nuestro corcél) o recogemos los orbes de experiencia para las mejoras que hay diseminados (cada color indicará a la velocidad que debemos ir). Lo cierto es que al principio se hace un poco pesado, pero esto ocurre porque junto a las explicaciones se narra la historia y hasta que no tenemos todas las posibilidades disponibles no seremos capaces de entender todo el potencial que esconde el juego.