Si eres uno de esos usuarios que lleva disfrutando del mundillo de los videojuegos desde hace un par de décadas, sin duda habrás comprobado que como casi todo en esta vida, los ciclos nos devuelven a situaciones que ya hemos experimentado en el pasado. Nintendo y Square Enix vivieron épocas de felicidad y complicidad durante el reinado de NES y Super Nintendo. Divididas en Squaresoft y Enix, recibimos series como Final Fantasy con tres entregas para cada sistema, algunas verdaderamente míticas como Final Fantasy VI, títulos que aún a día de hoy permanecen en la memoria de los jugadores como Secret of Mana o Chrono Trigger, pese a que este último no traspasó el charco. Otras producciones como Illusion of Time o Terranigma, así como un buen número de J-RPGs o Action RPG que no llegaron a nuestras fronteras como la serie Dragon Quest, Super Mario RPG: The Legend of Seven Stars, o las secuelas de Secret of Mana, incrementaron la popularidad de ambos gigantes del rol japonés.
El desarrollo de Final Fantasy VII, la tozudez de Nintendo en el diseño del soporte de almacenamiento de Nintendo 64, y la irrupción de PlayStation provocaron que esta colaboración inherente e implícita se rompiera. PlayStation recibió las tres entregas de Final Fantasy que continuaban el éxito de Final Fantasy VI, y que poseen una enorme repercusión a día de hoy por haber conseguido traspasar con mayor fuerza las fronteras. Su sucesora, PlayStation 2, recibiría una nueva tríada de Final Fantasy, junto a los primeros spin off de la serie. Dragon Quest, las secuelas de Chrono Trigger o Secret of Mana, así como cualquier producción de Squaresoft y Enix, eludían los sistemas de Nintendo y se instalaban en los dominios de Sony.
La llegada de GameCube y los esfuerzos de Nintendo por incrementar la oferta de las third parties en sus sistemas, llevó a trabajar junto a Capcom, Namco o Sega, así como a tratar de recuperar la colaboración de Squaresoft. A este respecto se realizó una inversión de fondos para promocionar la creación de nuevos estudios de desarrollo, que ofreció como principal producto mediático la salida de Final Fantasy: Crystal Chronicles. Realizado fuera de los designios de los mandamases que había llevado a la serie al Olimpo de los videojuegos, dejando de lado la ambientación, espectacularidad mediante FMV, e incluso desarrollo de J-RPG por turnos, se nos ofreció un simplón Dungeon RPG donde primaba por encima de todo la conectividad de Nintendo GameCube y Game Boy Advance para el multijugador a cuatro. Esta interconexión que también trató de potenciar Nintendo con un spin off de The Legend of Zelda, marcó una nueva iniciativa de Nintendo que concluyó en fracaso.
Nintendo debía cambiar de registro si quería recuperar o al menos rememorar ligeramente los éxitos del pasado. El fenómeno PlayStation estaba más asentado que nunca, e incluso la competencia que se introducía por primera vez en el sector conseguía superar a Nintendo. Con este panorama llegó Nintendo DS, el tercer pilar de Nintendo que ha conseguido resultados impensables convirtiéndose en un fenómeno vendeconsolas internacional prácticamente sin parangón.
Square Enix, ya fusionada en un gigante del rol japonés, quería trabajar para Nintendo DS, ya que la popularidad del sistema en todo el mundo, pero especialmente en Japón, hacía albergar enormes esperanzas en la conversión o traslado de las series más populares de la compañía. Nintendo jugó sus bazas, y obligó a Square Enix a programar para Game Boy Advance si querían desarrollar también en Nintendo DS, todo un órdago por parte de la compañía de Kyoto. La recepción de todos los Final Fantasy de NES y Super Nintendo a excepción del tercer capítulo, así como el traslado de Final Fantasy Tactics o el discreto Sword of Mana, servían como tímida reconciliación por partes de ambas compañías. Atrás quedaba el discretísimo Final Fantasy: Crystal Chronicles, que quizás sólo destacara por su excepcional banda sonora.
Wii llegaría al mercado para continuar y potenciar la apuesta distintiva de Nintendo, y aunque a día de hoy sólo esté confirmado el Dragon Quest Swords, así como la nueva entrega para WiiWare de Final Fantasy: Crystal Chronicles, la apuesta por parte de Square Enix en Nintendo DS deja ya zanjado el divorcio entre ambas compañías. PlayStation 3 ha mantenido la propiedad intelectual Final Fantasy, con la versión principal Final Fantasy XIII y el spin off Final Fantasy XIII Versus, dentro de la discutible política de spin off y profusión de polémicas propiedades intelectuales con el nombre Final Fantasy que también ha asaltado a PlayStation 2 y por añadidura a Nintendo DS. Por su parte, la consola portátil de Nintendo ha conseguido la gran baza de disponer en exclusiva del auténtico vendeconsolas japonés: Dragon Quest IX, que culmina la recepción de la reedición en 3D de Final Fantasy III, ya aparecido en el mercado español, o el próximo Final Fantasy IV, también con un nuevo motor 3D.
Dragon Quest Monster: Joker, un Monster RPG de temática similar a Pokémon, un juego estratégico como Final Fantasy XII: Revenant Wings, y el juego que nos ocupa, un action RPG que continúa la temática de cristales, demuestran que Square Enix tiene bien claro que Nintendo DS es un filón de oro para sus arcas, en un momento en el que el escaso parque de las consolas HD de nueva generación, y los elevados costes de desarrollo para las mismas, provoca que se deban reducir los riesgos.