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Una trama de estas magnitudes necesita de un elenco de personajes carismáticos que permita ofrecer variedad de puntos de vista, reflejado principalmente por la división del grupo, al más puro estilo Tokien, con su Comunidad del Anillo. Final Fantasy VI ofrece una de las más amplias nóminas de personajes controlables de la serie. Disponemos de una variedad de personalidades muy rica, que incluye ladrones con un corazón puro, arrepentidos seguidores del imperio, leales soldados que poseen un acusado sentido del honor, huérfanos salvajes, jugadores aparentemente sin convicciones, soldados de fortuna, misteriosos magos, etc.
No queremos destriparos, pese al tiempo transcurrido desde su salida en Super Nintendo, el argumento de este título, ya que ofrece una cantidad de giros y situaciones distintivas dignas de elogio. Avanzar por la aventura, vivir en primera persona las vicisitudes de este pintoresco elenco, nos ofrece sensaciones parecidas a las del mejor libro de aventuras. Sufriremos, lucharemos, nos apenaremos por los avatares que tiene reservados el destino a Terra, Locke, Edgar, Sabin, Cyan, Setzer y compañía.
Entrando ya de lleno en la estructura jugable del título, y teniendo en mente anteriores entregas de la serie como Final Fantasy IV y V, debemos destacar que el sistema de profesiones incluido en el juego comienza a trazar el rumbo que llevaría la serie en PlayStation, aunque con ciertas diferencias. No podemos modificar la profesión de los personajes, ya que vienen predefinidas. De esta forma se otorga una personalidad más definida a los personajes, y se consigue que tengamos que conocer todas las profesiones, y no limitarnos a las que encajen mejor con nuestras preferencias. Pese a la libertad que otorgaban juegos como los mencionados Final Fantasy IV y V, hay que reconocer que más de uno se limitaba a conformar estereotipados grupos de guerreros, magos, invocadores, sanadores, sin profundizar en el resto de posibilidades ofertadas. En Final Fantasy VI el hecho de que no podamos modificar la personalidad definida, unido a que en numerosos segmentos de la historia tengamos que depender obligatoriamente de ciertos personajes, aumenta de forma real la variedad de estilos para afrontar los combates.
Hemos mencionado que existen ciertas diferencias frente a las posteriores entregas de Final Fantasy. Debemos decir que el número de personajes controlables es muy superior, así como el de profesiones, sin caer en las reiteraciones sobre las más habituales, que podríamos encontrar, por ejemplo, en Final Fantasy IX.
Final Fantasy VI indudablemente es un juego de rol por turnos clásico. Nuestros personajes disponen de puntos de vida y de magia, además de habilidades inherentes a su profesión, que los diferencian enormemente del resto. La forma de aprender magia no se realiza mediante la adquisición de hechizos, o como ocurriría en Final Fantasy VII, materias. Mediante el contacto con los Espers, en forma de Magicitas, nuestros personajes pueden acceder desde a los clásicos ataques de invocaciones, al aprendizaje de los hechizos asociados a cada Esper. Con una diferente velocidad de aprendizaje de cada hechizo en particular, conforme adquirimos más puntos de hechizo, otorgados junto a los de experiencia que provocan que subamos de nivel, vamos aumentando el porcentaje de hechizo conocido. Finalmente llegaremos a dominarlo por completo, y podremos rotar y turnar las Magicitas entre los diferentes personajes.
Indudablemente el potencial mágico de cada personaje provocará que los efectos de los hechizos sean más o menos acusados. Terra, en su estado normal, o el potenciado que podemos adquirir desde cierto punto de la historia, causará un daño mágico enorme. Entonces si podemos llegar a compartir Espers y hechizos, cómo se diferencian los distintos personajes. Tanto por el tipo de objetos que pueden equipar, armas, armaduras, reliquias que otorgan habilidades extra, como especialmente a través de las habilidades inherentes a la profesión. Cyan será un guerrero con conocimientos de Bushido, unas técnicas de lucha ancestrales que provocan diferentes efectos, hasta ocho técnicas en total. Sabin es un luchador que basa su potencial en los ataques físicos o mágicos, realizados a través de unos particulares comandos de juego de lucha. Edgar, un amante de la tecnología, es capaz de usar unos utensilios con diferentes efectos sobre los enemigos. Locke, el ladrón que hace de enlace entre el reino de Fígaro y los Replicantes, es un ladrón consumado. El huérfano Gau puede adquirir ataques realizados por los enemigos, para usarlos mediante su ira. Setzer, un jugador empedernido puede atacar aleatoriamente mediante una ruleta. Shadow el ninja dispone de la habilidad de lanzar objetos a los enemigos, mientras que Relm hace unos dibujos de los enemigos que cobran vida.
Disponemos de los clásicos apartados de inventario, estados alterados, objetos que por lo tanto recuperan vida, magia, resucitan, cambian los estados alterados. El sistema de combates hace uso de los tiempos activos de batalla, que determinan el orden y ritmo de ataque entre ambos bandos. Podemos modificar la formación del grupo, atacar por sorpresa, desde ambos lados, o por el contrario ser asaltados por la espalda, o rodeados, todos ellos clásicos en la serie, al igual que los diferentes comercios, posadas, posibilidad de salvar en el overworld o acceder a salvados rápidos, uso de tiendas de lona, etc.
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