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Final Fantasy VII: Crisis Core
El peso de un apellido
Final Fantasy VII posiblemente sea el juego de rol japonés más conocido del mundo. Su impacto en el sector audiovisual supuso un shock para Sony, para Nintendo y para la propia Squaresoft. Mucho ha llovido, mucho se ha querido exprimir la saga y esta entrega en particular. Mientras la Square post-Sakaguchi sigue desmintiendo y alimentando a partes iguales un posible remake del original, al mercado español llega un título que pretende sentar cátedra en el limitado catálogo de juegos de rol de la pequeña de Sony. Después de sufrir los usuarios con varios subjuegos y subproductos, la fusionada Square-Enix se centró en el desarrollo de material de primera calidad, siendo la película de animación Advent Children y este Crisis Core los baluartes de redención de la compañía.
Desde el principio hay que aclarar una cosa: por muy bueno que sea Crisis Core, nunca podrá llegar al nivel de fanatismo, repulsa, adoración, odio y endiosamiento que el juego original provocó y provoca. Ni se trata del equipo original, ni la plataforma de lanzamiento es comparable, ni se trata de una secuela encubierta. Es un spin-off, o una entrega que surge de otra serie, que tocan la fibra sensible del jugador clásico y despiertan la curiosidad del neófito. La conocida como “Compilación de Final Fantasy VII” es una estocada en el corazón de fanboy, ningún Final ha tenido la repercusión del siete, y por eso Square hace caja.
Muchos serán los jugadores que se acercarán a Midgar por primera vez con este título, perdiendo gran parte del impacto que resulta el reencontrarte con los personajes de la epopeya narrada en tres cedés para la primera consola de Sony. La nostalgia y el cariño por una obra son incentivos y condicionantes poderosos que muchas veces nublan el raciocinio y nos hacen ver las cosas distorsionadas, diferentes a la cruda realidad. Por este motivo, tanto la obra en que se basa como la que nos ocupa hoy, puede provocar que se la ensalce o subestime (dependiendo de cada uno) injustamente.
Valorar la saga de la doble “F” y su séptima encarnación no es el tema de hoy, pero la grandeza del juego reside en ese valor añadido que provoca en el usuario que tiene su Final Fantasy VII presidiendo, orgulloso, su videoteca. Para ellos las notas y los análisis son secundarios, solamente con el nombre de la portada ya les vale. Para que nos entendamos, este juego tendrá una nota de acuerdo a su calidad, pero para muchos, será mayor su repercusión por el componente de homenaje que lleva impreso en sus líneas de código programado.
Después de su lanzamiento en Japón (13 de septiembre) y en Estados Unidos (25 de marzo), por fin llega a nuestro mercado el juego más esperado de PSP. Nada menos que tres meses hemos tenido que esperar desde el lanzamiento yankee. Nada comparado a los tradicionales retrasos que la factoría nipona de juegos de rol nos tenía acostumbrados. Occidente es el mercado que todos quieren conquistar, y quien quiera ganar su cuota de mercado, tiene que tenernos en cuenta.
Argumento y valores de producción
Por razones obvias, no voy a revelar nada relevante de la historia del juego, porque no quiero poner en peligro mi integridad física, pero voy a situar el contexto de la trama, que se desarrolla siete años antes de lo que acontecerá en la séptima entrega de la odisea de Square (siete años antes del siete, estos japoneses...).
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