Análisis
Todo por un sueño
Fui un gran jugador de Blitzball, la estrella de los Zanarkand Abes, ¿sabes? Pero un buen día fuí arrastrado a Spira 1000 años en el futuro. Sin amigos, sin familia. Toma asiento: Ésta es mi historia.
Por Pablo González Taboada
| Publicado el día 26/09/2005 13:41
El otro gran paso adelante del sistema de batalla lo suponen las invocaciones, aquí llamados Eones. A diferencia de como ocurría en todas las entregas anteriores, donde podíamos llamarlos y éstos únicamente realizaban una magia para desaparecer, en Final Fantasy X siguen dentro del campo de batalla, actuando como personajes al uso. Los otros héroes desaparecerán, ocupando su lugar Valefor, Ifrit, Shiva o el resto de criaturas místicas, contarán con sus propios comandos, sus ataques, y por supuesto su turbo. Una vez muere un eón, volvemos a controlar el grupo activo de personajes, y no podremos revivirlo hasta llegar a la próxima esfera del viajero o luchar en un número determinado de combates.
Caminando por la vida
No todo será combatir, sino que tendremos que avanzar por el mapeado como en todos los RPG's genéricos. Lo haremos por un montón de ciudades, como Luca, sede del Blitzball, la Isla de Kilika, etcétera; interactuando con personajes secundarios, algunos importantes para la aventura y otros simplemente para comprender mejor el argumento del juego.
Por supuesto tocará visitar posadas, tiendas de armas, de objetos, y el resto de establecimientos que todos los títulos del género poseen. Por la aventura encontraremos una serie de esferas denominadas "Esferas del Viajero", donde podremos restaurar vitalidad, guardar la partida, entre otras cosas.
El desarrollo del juego propiamente dicho es bastante lineal, teniendo que avanzar de templo en templo recuperando eones, y finalmente derrotando a Sinh. La única variedad real la ponen una serie de puzzles que ejecutaremos en los tempos de los oradores, intercambiando esferas de pilar a pilar, y que si bien en principio son algo complicadillos, con un poco de práctica se realizarán solos.
Los jefes de final de fase no suelen supone un problema siempre y cuando tengamos nuestros héroes bien desarrollados, claro que hay excepciones como el dragón legendario Efrey, que nos apretará bien las tuercas, alguna aparición de Seymour, Yunaleska en sus tres fases...
¡Pero hay más!
Aún con su linealidad, Final Fantasy X es probablemente -sin contar juegos con libertad total, como Grand Theft Auto-, el juego más largo de PlayStation 2. Al menos el RPG más duradero. Y es que ofrece decenas y decenas de búsquedas a realizar, secretos a desbloquear, y misiones aleatorias.
En primer lugar tendríamos el Blitzball, con perdón del Triple Triad (el juego de cartas de FF VIII) el mejor minijuego que ha tenido cualquier entrega de la serie. ¿En qué consiste? Se trata de un deporte acuático mezcla de waterpolo y rugby, que nos mete dentro de una enorme esfera de agua con el objetivo de marcar más goles que nuestro rival. Los equipos son de seis personajes, y lleva a disputar copas, ligas y demás con todas las formaciones de Spira, seis en total contando los Besaid Aurochs. Y no se trata simplemente de partidos sueltos, sino que además podremos configurar nuestros jugadores con técnicas, fichar más personajes mediante el propio mapa del mundo, atendiendo a estadísticas, habilidades especiales y atributos, etcétera. Ganar partidos nos llevará a obtener extras y objetos especiales en la aventura.
Nos tiraremos semanas enganchados al Blitzball
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En el precioso bosque de Macalania podremos obtener el Espejo de los 7 Astros
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Verdugo Final, el enemigo más poderoso de todo el juego, con perdón de Summun
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