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Como mencionábamos, Fire Emblem: Radiant Dawn está dividido en varias partes argumentales, que a su vez disponen de prólogos, capítulos y desenlaces. Cada uno de los episodios es una misión independiente que dispone de objetivos de mapa particulares, como aniquilar a todas las tropas enemigas, resistir a los enemigos durante una serie de turnos, tomar una posición enemiga, o simplemente acabar con el líder rival. Antecediendo y poniendo punto y final a cada misión disponemos de diálogos ilustrados que nos muestran desde los planes de nuestro grupo, a las conjuras enemigas, o la irrupción casi constante de terceras personas que normalmente nos sirven de apoyo en nuestras lides. Mediante estas secuencias se va desgranando el argumento del juego, aunque como mencionábamos anteriormente, al iniciar cada capítulo asistimos a unas secuencias dobladas al castellano donde se nos va detallando la situación de la confrontación, en un mapa general, así como los movimientos de las diferentes partes.
Salvo en los prólogos, o alguna misión inicial de cada parte, tras estas informaciones previas accedemos a un menú de base donde podemos realizar una buena serie de acciones. Recabar información, que nos suele granjear desde objetos, dinero, a incluso la ayuda de ciertos personajes que se agregan a nuestro grupo, debe convertirse en prácticamente nuestro primer destino. Importante también es asignar experiencia y habilidades a nuestros personajes. También podemos comprar armas, armaduras, pociones, tomos mágicos, bastones de poder, e incluso encargar objetos con características modificadas. Guardar la partida, consultar la biblioteca de términos, personajes, o un enorme organigrama que nos muestra las interrelaciones de personajes y facciones, son el resto de opciones que encontramos en la base.
Tras salir de la base accedemos a unos breves diálogos antes de entrar en un nuevo menú previo ya al arranque de la misión. En este último menú podemos ajustar posiciones, consultar las condiciones, reajustar objetos, así como iniciar ya el combate.
Dentro del campo de batalla encontramos varias facciones. Desde las unidades bajo nuestro control, marcadas por el color azul, las enemigas, de color rojo, las unidades de refuerzo que son controladas por la CPU, identificadas por una tonalidad amarillenta, así como un tercer grupo imparcial considerado como Otros, que podemos reconocer por el tono verde de sus barras. Como hemos comentado con anterioridad, cada mapa dispone de unas condiciones de victoria diferentes, que deben motivar nuestras decisiones estratégicas.
Comienza la acción con el turno del jugador, en el que se nos permite mover a todas nuestras unidades. Debemos tener en cuenta infinidad de detalles, como el rango de ataque de nuestras unidades, el equipamiento de las mismas, que lleve a ciertos grupos a disponer de varias armas para poder atacar o contraatacar desde la cercanía o distancia, el uso de técnicas de ataque combinadas para reducir la energía del rival y conseguir en un turno acabar con sus fuerzas.
También debemos tener en cuenta en que situación quedarán las unidades al finalizar nuestro turno, ya que los sanadores, magos, arqueros, no pueden defenderse si son atacados desde casillas adyacentes en las cuatro direcciones cardinales principales. Por si esto fuera poco debemos tener en cuenta las diferentes peculiaridades de movimiento en terrenos complicados, la sorpresiva aparición de nuevas unidades enemigas incluso en nuestra retaguardia, así como el uso de los Laguz, quienes deben esperar para poder transformarse en bestias, los cánticos de la raza de las garzas, que pueden facilitar turnos de movimiento adicionales, las debilidades/potencialidades de ciertas unidades o armas respecto a condiciones particulares.
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