Destapado en el E3
Tras someter la versión de PS3 a un profundo testeo, los animalitos de
Flock! vuelven a invadir Viciojuegos, esta vez en su formato para XBLA. El juego de Capcom finalmente ha quedado establecido como una descarga de aproximadamente 100 megas, y con un precio final de compra de 1200 puntos (un 50% más de lo estipulado en un principio).
Lo cierto es que en pleno proceso de pandemia de la Gripe A, muchos jugadores serán recelosos a jugar a un juego en el que los marranos sean unos de los protagonistas principales, pero he de advertir de que no hacen falta mascarillas a lo Michael Jackson ni guantes esterilizados para su goce y disfrute, valga la redundancia. No existen posibles contagios ni contraindicaciones, como mucho, los jugadores pueden acabar esposados al
pad durante horas y horas, mientras que una música bastante machacona penetra en su cerebro de manera punzante. Nada grave.
En
Flock! manejamos un platillo volante que tras tomar tierra en escenarios que recrean diferentes praderas, campiñas y fincas, debe desplazarse a lo largo de cincuenta niveles en busca de un número mínimo de animales y encaminarlos hacia la nave nodriza, que actúa cual Arca de Noé. Las especies animales se reducen a cuatro: ovejas, cerdos, gallinas y astados, todos ellos con características y comportamientos propios.
Lo que en un principio puede parecer sencillo y algo desaborido se convierte en una apuesta fresca que recuerda al clásico
Lemmings, adaptado, eso sí, a la nueva generación, ya que
Flock! compila puzzles, habilidad, unos gráficos en tres dimensiones muy sólidos y un motor de físicas realmente bueno para tratarse de un juego descargable.
Un poco de chicha
A lo largo de cada nivel el jugador debe ingeniárselas para superar los distintos obstáculos que se interponen entre la situación del ganado y la nave. Para ello cuenta con algún que otro superpoder del propio OVNI (que se proporciona a medida que el usuario va superando distintas fases), así como las diversas reacciones de los distintos mamíferos, que ayudan a salvar más de un obstáculo. Por ejemplo, los toros son lentos, pero realizan estampidas a los pocos segundos de ponerse en movimiento, lo que además de producir un aumento drástico en su velocidad de desplazamiento hace que sean capaces de destrozar empalizadas que en un principio impedían el paso al resto de animales.