Análisis
Castillos de arena... movediza
Este juego llega como un terremoto (chiste fácil). Lo último de Lucas Arts no tiene nada que ver con Jedis ni arqueólogos.
Por Juan Emilio Palomino González
| Publicado el día 17/10/2008 00:55
Este día tenía que llegar. Después de tantas perrerías que le hemos hecho a la madre naturaleza con fábricas vomitando humo negro y sprays que dañan el ozono, el calentamiento del planeta ha llegado. La tierra se ha fraccionado y ha vuelto a dividir a los USA en dos (y no precisamente en norte y el sur, para evitar rivalidades históricas). Ya no son el país unido bajo la misma bandera que ponía su mano en el corazón mientras sonaba su himno, pero hay otras cosas que nunca cambian, como la carrera armamentística y la desconfianza al vecino.
Este escenario apocalíptico, más propio de un Stephen King trastornado por el visionado del documental Una verdad incómoda del ex vicepresidente Al Gore, establece los cánones básicos para crear un videojuego de acción: los dos bandos. Pueden existir más, pero siempre tendremos el grupo “A” enfrentado al grupo “B”, buenos contra malos, ladrones contra policías, indios contra vaqueros o el este contra el oeste como en el caso que nos ocupa y como ocurre en la misma NBA. Este videojuego está producido por Lucas Arts, que mientras termina el acercamiento del Doctor Jones a la generación de la alta definición y con el todavía reciente Star Wars: El poder de la Fuerza, apadrina uno de los juegos más interesantes de lo que llevamos de año.
Son los norteamericanos Day 1 Studios los encargados del desarrollo, siendo este su primer juego como equipo titular. Anteriormente ayudaron a FASA en los juegos de la saga MechAssault para Microsoft Game Studios en la primera Xbox e hicieron lo propio con Monolith al adaptar F.E.A.R. a las nuevas consolas. Ahora buscan desarrollar un juego de acción en tercera persona, pero que consiga diferenciarse de tantos títulos que pueblan el catálogo actual. Buscan dar el toque de originalidad que consiga refrescar la mecánica del marine faldero que sigue las ordenes de su superiores sin rechistar y sin objeciones morales. La respuesta está debajo de tus pies.
Armas de reconstrucción masiva
El calentamiento del planeta y la búsqueda de métodos para combatir sus efectos han partido a los Estados Unidos por la mitad (y el resto del mundo se ha unido a una de las dos facciones para simplificar un poco). En el Este está la Alianza Atlántica, un partidaria de buscar soluciones cibernéticas, mientras que su adversario, la República Pacífica, aboga por la adaptación del genoma humano para hacer frente a los cambios que se están produciendo. Ambas facciones utilizan las nuevas armas que emplean la tecnología tectónica para permitir que los ejércitos levanten y que bajen defensas de la tierra en cualquier localización.
Encarnamos a Jet Brody de la Alianza Atlántica (el que, por cierto, tiene una cicatriz en toda la jeta como la que sale en el logotipo del título), dotado de una armadura que irá obteniendo mejoras mientras se desarrolla la trama que nos enfrenta a Sheridan, científico resentido por el cese de sus experimentos genéticos que tenían el fin de salvar a su hija enferma. Ahora crea y diseña engendros genéticos para aplastar a sus enemigos y llevar a lo más alto a la República Pacífica (que de paz tiene poco).