Análisis
Castillos de arena... movediza
Este juego llega como un terremoto (chiste fácil). Lo último de Lucas Arts no tiene nada que ver con Jedis ni arqueólogos.
Por Juan Emilio Palomino González
| Publicado el día 17/10/2008 00:55
La mecánica es simple, obedecer al alto mando y seguir sus directrices en riguroso orden. Una voz nos comunicará y marcará el siguiente objetivo en pantalla, mientras acabamos con los enemigos que el chiflado científico loco ha creado para conquistar el mundo (bueno, medio mundo). La secuencia de juego resulta más o menos siempre la misma: llegamos a un punto en el que salen enemigos y a continuación tenemos que encontrar la manera de seguir avanzando por el nivel, solventando las dificultades arquitectónicas de los escenarios. A modo de pequeños puzzles (muy pequeños) tendremos que encontrar la manera de seguir avanzando, ya sea lanzando un granada debajo de una rampa para elevarla o escarbando un túnel que nos permita sortear un muro indestructible. Hay algunos momentos que se rompe esta secuencia con diferentes evento o al controlar determinado vehículo, pero en líneas generales se tiende a repetir el mismo patrón una y otra vez.
Tendremos tres niveles de dificultad para ajustarlo a nuestra habilidad. En el modo difícil hay que tener nervios de acero para avanzar con cuidado, porque cualquier movimiento despreocupado puede dirigirnos derechitos a la pantalla de cargar partida. Al menos han incluido un número elevado de puntos de control para compensar al sufrido jugador. La mejor manera de avanzar en este caso es buscar coberturas constantemente o hacerlas uno mismo con la herramientas modificadoras disponibles, ya que entrar a pecho descubierto suele acabar catastróficamente. Pero este reto termina por alargar y enriquecer la experiencia de juego, ya que nos obliga a buscar las mejores opciones de nuestro armamento.
Cada poco tiempo, desde las altas instancias nos obsequiarán con una nueva habilidad o mejora para nuestra armadura. Desde una mayor contundencia en nuestros golpes físicos, a una mayor resistencia en nuestro escudo (de mecanismo análogo a la del Jefe Maestro de la saga Halo), pasando por el clásico doble salto justificado argumentalmente como un montículo de tierra que nos eleva por los aires.
Como ya es tradición, los programadores han escondido objetos para que escudriñemos cada rincón del escenario que sirven para desbloquear extras y los ansiados logros. Nada más y nada menos que cien células de información se encuentran dispersas, algunas a la vista y otras en inverosímiles alturas para que utilicemos nuestro arsenal terramórfico. La búsqueda no suele ser complicada, pero el acceso ya es otra historia, porque algunos requerirán de toda nuestra pericia e inventiva.
Cuidado donde pisas
Se han incluido varios modos multijugador que se han convertido en la excusa perfecta de las desarrolladoras para justificar la poca duración de los modos “Campaña” (el de éste puede llegar a sobrepasar las ocho horas en su modo más difícil). Podemos encontrar:
• “Batalla Campal” (también por equipos), en el que tendremos que eliminar al resto de jugadores para ganar puntos, siendo el ganador el que mayor puntuación alcance la final del tiempo establecido.
• “Tomar la bandera” (hay otra variante con una sola); aquí la clave es buscar y llevar a nuestra base los estandartes repartidos por el escenario;
• “Excavación”, en el que tendremos que desenterrar y proteger monolitos del resto de jugadores.
• “Rey de la colina” (con la variante por equipos además), un clásico de los modos multijugador que consiste en ocupar zonas concretas del mapeado y mantenerse en ellas para acumular puntos.
• “Asalto”, en este modo tendremos que internarnos en territorio enemigo y hacerlo nuestro para conseguir ganar la partida.