Análisis
Insaciable sed de venganza
El estudio de Santa Monica de Sony reincide en las bases del éxito del primer God of War con una secuela que sirve de broche de oro a la trayectoria de PlayStation 2
Por satsuinohadou
| Publicado el día 22/05/2007 23:34
El estudio de Sony Computer Entertainment afincado en Santa Monica, dirigido por Cory Barlog, hace bueno el lema de para que cambiar algo que ya funciona. Como podemos comprobar desde el arranque del título, pese a haberse pulido ligeramente ciertos aspectos del juego, nos encontramos ante una apuesta continuista, por otra parte lo que cualquier fan de la primera aventura de Kratos podría esperar. Los propios integrantes del equipo de desarrollo han confirmado que para hacer avanzar la franquicia resulta imprescindible un cambio de plataforma, y no se referían precisamente a la adaptación de PlayStation Portable: Chains of Olympus.
God of War II es un juego que entra por los ojos de forma espectacular, el espeluznante ritmo de juego, la versatilidad en combate de Kratos, las increíblemente espectaculares habilidades y combos, el imponente tamaño de los escenarios, en algunos casos la escala de los planos mostrados pone absolutamente al límite al Emotion Engine, consiguen dejar en un segundo plano a cualquier aventura de este estilo aparecida con anterioridad. Ni las apuestas de Crystal Dynamics con la serie Legacy of Kain/Soul Reaver o Blood Omen, ni la creación de Yoshiki Okamoto: Devil May Cry, pese al carisma y chulería de su protagonista, o las aventuras de Samanosuke Akechi, consiguen ofrecer una experiencia de combate de este nivel y espectacularidad.
Los clásicos travellings de la cámara que nos muestran los objetivos de los puzles, algo que pudimos ver prácticamente por primera vez en el primer Soul Reaver de PSone, alcanzan una espectacularidad nunca vista en escenarios como el sendero hacia los caballos del Templo de Lakhesis, y eso que sólo estamos hablando de las primeras horas de juego. Este apartado, el diseño de escenarios, rinde a un nivel muy superior al de los diseños artísticos de los personajes y enemigos, y no precisamente porque estos últimos hayan sido descuidados, si no por la mencionada escala que hace que Kratos pueda parecer una mera hormiga en medio de un inmenso campo de batalla. También contribuye a esta espectacularidad el diseño de situaciones como el castigo al Coloso, las secuencias de vuelo a lomos de Pegaso o el Fénix, la escena en la que unimos los dos extremos de una enorme isla al fustigar a los Córceles del Tiempo, las secuencias de batalla contra enormes jefes, en el interior de colosos y titanes, dentro de detallados templos, etc.
No se ha descuidado tampoco la suavidad, fluidez y velocidad de las animaciones de Kratos, quien sigue siendo capaz de realizar un elenco de combos y movimientos finales totalmente brutales y realmente espectaculares. Conforme consigamos dominar el sistema de control del título, algo que nos llevará un segundo si hemos jugado a su antecesor, seremos capaces de realizar increíbles secuencias de ataque contra decenas de enemigos en pantalla. La brutalidad de los movimientos finales, especialmente en las secuencias interactivas contra los subjefes o los enemigos de mayor tamaño, siguen siendo uno de los aspectos vitales para la espectacularidad del juego, y por ende el grado de diversión que alcanzamos a lo largo del desarrollo de la aventura. Nuestro personaje sigue siendo realmente bruto, pese a haber perdido el carácter de deidad. Coger al Coloso por el pie y lanzarlo al mar, levantar todo un templo para conseguir tener una plataforma por la que pasar, todo ello con una estabilidad del motor envidiable, consiguen sorprender a cualquier usuario experimentado de PlayStation 2.
Disponemos de soporte para modo panorámico, aunque en cualquier caso debemos notar que el juego posee un colorido algo apagado respecto a las producciones de PlayStation 3, algo que notamos en un monitor LCD de gran tamaño, donde pudimos probar el título corriendo en una PlayStation 3.
Desde el modelado de enemigos como el Coloso, el texturado detallado, dentro de las posibilidades de la consola, la ingente cantidad de polígonos en los planos más abiertos, quizás el único aspecto donde se resiente la absoluta fluidez del juego, consiguen sorprender sobremanera. La cámara sigue la acción de forma totalmente dinámica, sin ningún tipo de problema digno de mención. Toda una lástima que no haya sido posible disfrutar del modo 480p/EDTV de escaneo progresivo para gozar de este despliegue con la máxima calidad posible que permite PlayStation 2.
A nivel sonoro disponemos de un doblaje al castellano al que se le podría tildar de falta de emoción, o al menos de discutible calidad interpretativa en lo que respecta principalmente al protagonista, claramente por debajo del reparto americano que incluye figuras cinematográficas de un gran nivel. Por encima de este doblaje encontramos la banda sonora que marca los tempos de la acción con ritmos corales orquestados, melodías más tranquilas para los momentos de exploración, conformando un apartado bastante completo, aunque un paso por detrás del despliegue gráfico.