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El tamaño de esta gran urbe es increíble, y recorrerla de un lado a otro fácilmente me lleva más de veinte minutos, aunque para ir a los múltiples lugares puedo optar a diversos medios de transporte, no sólo vehículos. Por ejemplo, hay un metro que conecta cinco de las siete islas con una serie de horarios, disponibles en las paradas, por lo que no siempre que llego a las terminales está el metro ahí. Además, durante el trayecto puedo ver el paisaje o directamente llegar a mi destino, algo que también está presente en los taxis, autobuses y trenes de la ciudad, dado que no siempre la mejor forma de llegar a un lugar es la ilegal.
Asimismo, el sistema de físicas de todos los vehículos del juego es más realista que nunca, interaccionando todos y cada uno dependiendo de su peso, tipo, nivel de daños, numero de pasajeros, etc. Hay todo tipos de vehículos: deportivos, todoterrenos, limusinas, lanchas motoras, bicicletas, motos e incluso helicópteros con los que visitar el inmenso cielo de la ciudad. Extrañamente, y según parece debido a cierto trágico acontecimiento relacionado con la ciudad en la que se basa Liberty City, no se me permite manejar ni un solo avión en toda la partida, aunque hay un aeropuerto -llamado Francis International Airport- con algunos.
También, una gran mejora en los coches es que ahora todos cuentan con un sistema GPS, y cuanto más caro es el vehículo, mejor será el GPS, incluso hay alguno con voz. Gracias a este sistema puedo consultar la ruta más rápida o más corta a mi destino, que se muestra claramente en el pequeño mapa de la esquina inferior izquierda de la interfaz de la pantalla. En el caso de que me salga de la ruta, ésta se ajusta y además me muestra los diferentes lugares de interés cuando estoy cerca de ellos, como tiendas de armas, de ropa, de comida, supermercados, etc. A no todos los lugares puedo acceder durante la aventura. De hecho, hay muchas zonas con muy pocos edificios abiertos y algunos que no cuentan con demasiado interés, pero es justamente gracias a los que puedo acceder que consigo sentir una sensación de libertad como jamás podría haberme imaginado.
En muchas de las tiendas puedo adquirir un gran número de objetos, como diversos tipos de pantalones, camisetas, gorras, zapatillas, etc. además de numerosas armas y accesorios. Al contrario que le ocurría a mi compañero Carl Johnson en GTA: San Andreas, aunque yo me avitualle de muchas hamburguesas u otro tipo de comida no influye en absoluto en mi físico y sólo en ocasiones a mi forma de andar, que es ligeramente más torpe. Con la bebida ocurre tres cuartos de lo mismo. Si bebo mucho me puedo emborrachar y puedo ver las cosas un poco borrosas, aunque a los pocos minutos se me pasa. Tampoco puedo cambiarme el peinado o personalizar mi cuerpo, aunque esto es otro cantar en el modo multijugador.
Crónica de una vida 3: Una vida de maleantes
Explorar Liberty City es lo más parecido que jamás haya experimentado a poder realizar todo cuanto quiera. En todo momento puedo subir a una escalera, trepar por ciertas estructuras, entrar en cualquier edificio de los habilitados para ello, empujar a una persona, robar a un transeúnte, incautar un vehículo, etc.
No obstante todo acto tiene sus consecuencias y cuando realizo un puente a un vehículo, con la previa rotura de sus cristales para poder acceder a él (y siempre que no haya un conductor, el cual puede negarse) un vecino puede avisar a la policía con lo que mi nivel de búsqueda puede aumentar, y con ello mis problemas. Además, como buen conductor, a la hora de subirme a una moto me pongo el casco y al bajar me lo quito. Una secuencia que no estorba en absoluto y es un consejo moral a todo aquel que me controle.
El propio acto de robar un vehículo conlleva un sencillo minijuego de unir y cortar cables, y los maleteros de los diferentes vehículos se pueden utilizar para guardar objetos. Por ello me es muy recomendado recordar la localización de ciertos coches, para poder optar a algunas armas que previamente haya dejado allí, principalmente para las misiones más largas o difíciles. Como es habitual, si mi salud merma demasiado durante la aventura, mi forma de andar se ve bastante influenciada, siendo ésta más obtusa.
Además, si me hieren totalmente vuelvo con toda la salud en uno de los hospitales del juego, habiendo pagado una cuantiosa suma de dinero y sin ningún tipo de armas. De ahí viene el útil autoconsejo de dejar alguna que otra en los vehículos, o de cuidar las relaciones, sobretodo con ciertas novias, que pueden conseguir chantajes de los médicos para poder recuperar algunas de las armas cuando me hayan capturado o inmolado.
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