
|
Los minijuegos también están presentes en algunos de los bares de esta gigantesca urbe, aunque no son demasiados ni tampoco muy variados. Según el local (en ocasiones se presentan los cuatro en el mismo), puedo jugar al billar, al Tetris, a los dardos o a los bolos, normalmente contra otro personaje, o contra dos o tres, según la ocasión. Ciertas misiones secundarias requieren estar bastante alto en los ránkings de los diferentes minijuegos, por lo que me es necesaria cierta práctica en los mismos. No son una diversión secundaria sino que están perfectamente implantados en el conjunto.
También debo de comentar que ciertos aspectos de mi propia fisonomía, más concretamente de mi forma de andar y correr, están recreados a la perfección. Según el terreno en el que estoy, mis niveles de energía, el tipo de arma que lleve u otros aspectos cambian ligeramente mi forma de correr, controlada ésta por el potente motor físico Euphoria, de LucasArts y NaturalMotion. Gracias a él se ha conseguido que todos los movimientos dependan de la situación y no sean prescritos, adaptándose perfectamente a todo tipo de superficies. Por ejemplo, a la hora de subir una escalera cada pie se sitúa en un escalón. Son pequeños detalles de la gran montaña que es toda mi aventura.
Pero no sólo eso, sino que también mi movilidad y flexibilidad están más cuidados que nunca. Puedo perfectamente pasar de estar caminando tranquilamente a correr con cierta inquietud, retratando esta transición con gran realismo. También en algunas ocasiones me niego a realizar ciertos movimientos, basándome en mis propias reglas morales: si voy corriendo hacia un borde o precipicio me detendré lentamente. También, al igual que algunos de mis compañeros de fatigas en otros capítulos de la saga GTA, puedo nadar e incluso bucear momentáneamente, aunque no hay una barra de resistencia como en GTA: Vice City Stories y sólo me canso al nadar mucho tiempo, como le ocurre a CJ en GTA: San Andreas.
Mi comentada habilidad en el Krav Magá, al principio de mi crónica, no es por libre albedrío. De hecho, me es muy útil en las peleas cuerpo a cuerpo, cuando sé que mis rivales no tienen ningún arma de fuego, o yo no tengo tampoco ninguna. Gracias a las consultas que mis creadores realizaron en su día a un maestro del UFC (Campeonato de Artes Marciales Ultimate) de las fuerzas especiales de Israel, cuento con versátiles y creíbles movimientos a mi disposición. Puedo realizar golpes bajos, altos, patadas, combos combinando ciertas secuencias y cubrirme bajo mis puños o bajo cualquier posible cobertura, aunque también puedo utilizar cualquier objeto de la calle como arma improvisada y rodar por el suelo. Ciertamente, estas peleas son irracionales cuando se poseen armas, pero en plena calle, y más para no llamar demasiado la atención, son a veces la mejor opción.
Crónica de una vida 5: "Dios mío ¿Qué estás haciendo?"
Como he ido comentado en esta crónica, la forma de realizar las diferentes misiones para aumentar mi estatus social y el dinero de mi bolsillo está totalmente a mi libre albedrío. Para ir a un determinado lugar bien puedo ir andando, coger una moto, solicitárserlo a un taxi, robar dicho taxi, coger un vehículo propio, robarlo a medio camino, coger el metro, el tren, autobuses, etc. No importa el cómo sino el cuándo, ya que en ocasiones el tiempo que me lleve llegar determina la aparición de algunos personajes, enemigos o no. O también llevarnos mucho tiempo puede echar al traste la misión, con todo lo que ello conlleva.
Pero en lo que también sorprende gratamente mi aventura es en la física de los coches, también manejada por la mencionada física Euphoria. Gracias a la misma, cada vehículo cuenta con un comportamiento adaptado a los diferentes terrenos y los choques son más realistas que nunca, aunque algo extremos en los casos que se den frontales o traseros. Al principio de mi ascensión social me resultó realmente complicado conducir, dado que hay coches que son más rápidos que otros, otros que giran mejor, otros cuya resistencia es mínima, y en el caso de las motos me resulto bastante común caerme al principio o darme un gran -e irreal en ocasiones- golpe. Incluso tuve que ir a una autoescuela para mejorar mis habilidades. Que no resulte irónico, pero es la realidad: nunca se nace sabiendo todo y las manchas de sangre que dejo después de un golpe son la huella de ello. La física en mi aventura también es muy real, y en ocasiones hasta duele.
|

|