Análisis
Una nueva batalla entre el bien y el mal
Heavenly Sword es una de las mayores producciones y uno de los títulos más esperados en la recta final de año para PS3
Por José L. Ortega López
| Publicado el día 04/09/2007 02:52
El uso del sensor de movimientos del Sixaxis también tiene su juego. Su uso se puede ejecutar de varias maneras, desde utilizarlo para mover la cámara, hasta realizar combos con un brusco movimiento del controlador. Aunque la mayor parte del tiempo lo utilizaremos para dirigir flechas o las balas del bazooka que Nariko utiliza tres veces en todo el juego. A la hora de controlar estos dirigibles, podemos desactivar la función del mando, ya que debido a su alta sensibilidad, adoptar el manejo de dirigir el artefacto se torna algo bastante complejo. Amén de que se hace algo pesado, ya que la cámara se sitúa en 'tiempo bala' detrás del objeto y repetir la misma operación muchas veces con un éxito nulo es frustrante.
Durante alguna fase en concreto tomaremos el control de Kai, la lunática hermana de Nariko. Armada con un arco y las flechas y con una sensación de fragilidad debemos atacar a distancia a todo el que se ponga por delante. Alguna de las taeas de la extraña de la familia pasan por proteger a su padre malherido en la huída del castillo o en recuperar la espada celestial viajando en un teleférico. Pese a ser las únicas zonas que ofrecen algo distinto a la acción incesante que posee la aventura, el desarrollo de estos tramos se hace pesado, ya que es un lanzamiento continuado de flechas y al tener que dirigirlas con el tiempo ralentizado, acabar con una veintena de enemigos de la misma manera una y otra vez resulta aborrecedor.
Otro de los puntos negativos de Heavenly Sword es su desarrollo excesivamente lineal. La aventura consiste en repartir espadazos a diestro y siniestro, con un nulo componente de exploración, algo que sin duda resta puntos en el cómputo global. Sólo en un par de zonas encontraremos unas ligeras trabas para el avance, que consisten en dirigir escudos a diversos 'bongs' para que las puertas se abran. Demasiada simpleza.
Además del numeroso ejército del Rey Bohan en nuestro camino se tratarán de interponer alguno de sus discípulos. Flying Fox, Whiptail o Roach, hijo no deseado y odiado por el mismísimo Bohan, intentan por todos los medios acabar con la bella Nariko. Los combates, excepto el primero, tienen tres partes siempre. En ellas, el mecanismo de ataque rival prácticamente no cambia un ápice y da la sensación de estar en la misma batalla durante tres ocasiones. A esto hay que unirle la excesiva facilidad que para muchos puede tener la aventura. En la primera partida, sólo nos ha dado algún quebradero de cabeza el enemigo final, único que consiguió que tuviéramos que cargar la partida.
La duración total del juego se fija en torno a las seis u ocho horas para un jugador medianamente experimentado. La aventura consta de seis actos, aunque los dos últimos de una duración más bien escasa. Las cotas de rejugabilidad son altas, pero no excesivas. En la primera partida es imposible desbloquear todos los movimientos de Nariko, así como las galerías que podemos disfrutar si cumplimos una serie de objetivos. Además, al completar la aventura por primera vez, se desbloquea el modo infernal, ideal para quienes le ha sabido a poco la dificultad del título.