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El desarrollo del título es el de un RPG en tiempo real un tanto simplificado, pero no por ello insatisfactorio. Por un lado están las ciudades, que tienen multitud de personajes secundarios con cierta relevancia en el argumento, y por otro las mazmorras ambientadas principalmente en las ruinas antiguas, donde se pone a prueba nuestra habilidad. A lo largo y ancho del mundo hay portales que dan acceso a la dimensión de Gaia, lugar en el que se puede guardar la partida, cambiar de personaje y obtener consejos.
Avanzar en el juego es bastante sencillo si se hacen las cosas bien. Las mazmorras están divididas en salas y en cualquier momento se puede acceder a una especie de mapa que indica la situación de los enemigos y el número de ellos. Si conseguimos «limpiar» una zona, el último rival nos dará una recompensa en forma de aumento de la vitalidad máxima, la defensa o la fuerza. Es la única forma de incrementar los parámetros del personaje, de modo que conviene no dejar títere con cabeza.
En los espacios de Gaia tenemos la posibilidad de convertir a Will en su alter-ego Freedan. Mientras que Will ataca con una flauta (no es broma) y es bastante débil en el cuerpo a cuerpo, Freedan porta una espada inmensa que le da un poder de ataque mucho mayor. Pero ésa no es la única diferencia que existe entre ambos. Saber qué personaje controlar en cada momento es la piedra angular del desarrollo del juego y lo que permite resolver los enigmas. Cada personaje tiene una serie de habilidades que le permiten avanzar en los lugares en los que al otro le resulta imposible. Por ejemplo, Will puede deslizarse por agujeros pequeños una vez ha adquirido cierto poder, pero Freedan es el único que puede activar interruptores lejanos gracias al Fraile Oscuro (una bola de energía que lanza desde el filo de su arma). Casi al final de la aventura, el caballero Shadow completa la trinidad. Es el más poderoso de los tres y es capaz de filtrarse por el suelo para acceder a niveles inferiores.
La plantilla de monstruos es bastante variada (en algunos casos simplemente cambian de color, pero no molesta en absoluto) y los de cada ruina están pensados para que casen con la ambientación. En la pirámide nos enfrentaremos a momias y seres antropomorfos con cabeza de pájaro; en el templo inca nuestros rivales serán estatuas totémicas que disparan lanzas. Por todas partes encontraremos cofres que suelen contener hierbas curativas (el único objeto que se puede utilizar en plena batalla), joyas rojas para la búsqueda secundaria del juego o llaves.
En general, el sistema da un muy buen resultado, pero no se puede negar que se podría haber llevado un poco más allá. La idea de tener que intercambiar constantemente los tres personajes disponibles es magnífica (aunque la mayor parte del juego sólo tendremos a Will y Freedan), pero se echa en falta la posibilidad de adquirir armas nuevas. Si uno se toma su tiempo para acabar con todos los enemigos y hacer al personaje más fuerte (a todas luces aconsejable) no cuesta demasiado abrirse camino. En cualquier caso, lo que hay funciona a la perfección y las mazmorras se disfrutan. Además, al final de cada una hay un jefe imponente al que hay que derrotar con un poco de estrategia.
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